Guillermo Alfieri
El general Julio Argentino Roca, el jefe de la Campaña del Desierto, era presidente de la Nación en 1902, cuando se sancionó y comenzó a aplicarse la Ley 4144, que facultó al gobierno para deportar del país a todo extranjero que considerara indeseable. Con semejante arbitrariedad, el régimen pretendió sofocar al incipiente gremialismo. Por eso, el Partido Socialista respaldó la huelga en protesta por la represiva norma, que más que conmovida fue rápidamente ejecutada.
Lo llamativo de la denominada Ley de Residencia, es que su vigencia se mantuvo hasta 1958, al ser derogada por iniciativa de la gestión de Arturo Frondizi, titular del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, le vino como anillo al dedo a los golpistas del 6 de setiembre de 1930, como herramienta de la represión desatada contra la oposición.
El general Agustín P. Justo tomó la posta de su camarada José Félix Uriburu y por lo mucho que recurrió a la Ley de Residencia, el humor clandestino lo apodó Justo 4144. El tango se ocupó de denunciar los atropellos. Mario Battistella creó los versos y Enrique Discépolo la música de “Al pie de la Santa Cruz”, con planteo rotundo del escenario y el conflicto, derivado de la prepotencia de la norma establecida en 1902. La voz de Carlos Gardel grabó, el 18 de setiembre de 1933, la siguiente letra.
Declaran la huelga,
hay hambre en las casas.
Es mucho el trabajo
y poco el jornal
y en ese entrevero
de lucha sangrienta
se venga de un hombre
la ley patronal.
….
Ese hombre tiene esposa, hijos y una madre que reza por su muchacho y le implora a dios que lo proteja. La descripción es conmovedora y continua con la secuencia en el puerto.
Los pies engrillados
cruzó la planchada.
Largaron amarras
y el último cabo
vibró al desprenderse
en todo su ser.
Se pierde de vista
la nave maldita…
La radio, en plena expansión como artefacto electrodoméstico, fue el vehículo de difusión, que introdujo el reclamo tanguero en los hogares. La censura fácil no tardó en emitirse. Y pasó algo todavía peor: en 1946 la orquesta de Alfredo De Ángelis y el canto de Carlos Dante, grabaron en disco de pasta “Al pie de la Santa Cruz”, con texto cambiado y resignificado. En lugar de la huelga colocaron un boliche de bebidas, en vez de patronal, un adversario borracho.
Años después le preguntaron a De Ángelis el por qué de la grosera mutación. La respuesta fue: “¿Qué querés? De otro modo me metían preso”. Lo cierto es que el tango original, es apenas una muestra de que el popular género no se reducía a manifestar nostalgia, melancolía, despecho y machismo, como mal se informa a las nuevas generaciones. Además, la literatura y las artes plásticas se ocuparon en testimoniar esa época de depresión económica y social, con injusticias oligárquicas. Los cuadros de Antonio Berni, por ejemplo, eternizan a la masa de desocupados.
Héroe prohibido
Precisamente, en una exposición de obras de Berni está ambientada la biografía novelada, escrita por Juan Rosales, de Horacio Gregorio Badaraco, periodista anarquista. Con infancia en el barrio, porteño de Mataderos, Badaraco adhirió a la ideología libertaria en la edad adolescente. Dirigió el periódico Antorcha. Cubrió los sucesos de la Patagonia rebelde y de La Forestal. Agitó la campaña por la libertad de Sacco y Vanzetti. Fue agredido por la Liga Patriótica y la Legión Cívica, fanáticos del nazifascismo.
Se casó con Ana Romero, trabajadora textil. Tuvo un hijo, inscripto como Ariel. Simpatizó con San Lorenzo de Almagro. Lo detuvo la dictadura en 1930. Lo alojaron en la Isla de Martín García y lo confinaron en Ushuaia, durante un año. Lo soltaron en 1933. Soportó la tortura, la cárcel tenebrosa y un mal crónico cardíaco. Viajó a España para enrolarse en las milicias republicanas. Sufrió el polvo de la derrota.
El anarquismo se dividía. Aparecían sectores que confundían los ideales con las coyunturas personales. Badaraco sobrevivió hasta 1946, murió a los 45 años de edad. Escribió para su hijo: “Sin sueños y utopías no habría más que conformismo con el mal y la esclavitud, no habría revoluciones y los hombres se detendrían porque creerían que los obstáculos son insuperables”.
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(“Badaraco, El héroe prohibido”, fue editado por la Rosa Blindada en 2001)






