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Entre Ríos y su eterna lucha entre lo urgente y lo estratégico

Por Néstor Banega (*)

Corre tiempo de descuento para la administración provincial en pugna por recursos con el gobierno nacional. A mediados de febrero el Poder Ejecutivo debe afrontar una de sus obligaciones constitucionales: instruir a las Cámaras Legislativas con un mensaje, dando cuenta del estado general de la administración, para dejar formalmente inaugurado un nuevo período de sesiones ordinarias.

Los detalles de lo que dirá el mandatario están siendo pulidos por sus colaboradores más cercanos. Trabajan a destajo buscando equilibrio y buscando efectos. Se trata de un escenario que, en general, no suele estar exento de anuncios, pero esta vez lo externo condiciona.

El hemiciclo, cargado de expectativas y apremiado por la coyuntura, será el escenario donde se escribirá un nuevo capítulo de esa lucha que parece interminable; hay que ubicarse entre lo urgente y lo estratégico.

El matiz de las responsabilidades. Las pasiones y los deseos. El contexto propone mesura, acerca peligros. Aquello que hasta ayer era impostergable desde los dictados del corazón, hoy aparece imposible por los dictados del bolsillo.

¿Qué dirá? O tal vez habría que expresarlo de otra manera: ¿qué podrá decir el gobernador Rogelio Frigerio? El oráculo en tensión, para empezar el juego de las adivinanzas. Los actores, principales y de reparto, deberán mostrar sus cartas, si es que las tienen.

La oposición

Mientras tanto, en los espacios políticos cercanos y lejanos al Ejecutivo, están obligados a reacomodarse. Conocer en forma anticipada aspectos del mensaje y, sobre todo, sus prioridades, permite situarse y construir una opinión sobre lo que es y lo que vendrá. La ciudadanía, expectante. Casi distraída, alimenta la incertidumbre.

Si crisis es oportunidad, febrero de 2026 es crucial para la oposición. Debe acomodarse. Le cuesta y se nota. Perdió tiempo esperando una debacle que no llegó y quedó con escaso margen para construir la oferta futura.

La habilidad para pararse frente al gobernador Rogelio Frigerio es proporcional a la competitividad que pueda tener en el próximo tiempo electoral. El mandatario es el dirigente con mejor imagen por estos días.

Tensiones que perduran

Aunque no lo expliciten, no son días fáciles para el peronismo entrerriano. Quiere volver a gobernar, pero hay temas por resolver. Hay que darle el cierre definitivo a la secuela que generó que candidatos de ese origen compitieran por fuera de lo definido por los órganos partidarios.

Se sumaron los reproches, el comportamiento ante temas claves para la administración de Rogelio Frigerio, que sin votos del justicialismo en la Legislatura provincial aún seguirían esperando o, quien sabe, podrían ser diferentes.

También debe discutirse hacia el interior de los bloques legislativos la designación de autoridades. Todo, y más, sin perder detalle del barullo nacional que, irremediablemente, terminará impactando en la comarca. Hay nubarrones para lanzarse con claridad, pero es obligatorio prepararse.

Los movimientos se dan también en las indefinibles vertientes libertarias. Después de la triunfal Alianza con Frigerio poco se conoce de las demandas en procura de espacios, si es que existieron esos pedidos.

Quizá se espera otro momento, pero la lógica (antigua, pero pertinente) indicaría que algunos de sus cuadros podrían sumarse al staff del gobierno provincial o pasar a ocupar alguna poltrona en oficinas con asiento en Entre Ríos de las reparticiones que el gobierno nacional aún no eliminó.

Pero atención, hay que empezar a seguir una figura: Joaquín Alberto Benegas Lynch. Es parte de la intimidad presidencial. Su momento estelar, acordes de por medio, se puede extender aún más.

Los pasos que vaya dando irán poniendo en claro hasta donde llegan sus aspiraciones. Aunque entre los libertarios todo puede nacer con un deseo de los hermanos Milei.

Barrunta horizontes la Unión Cívica Radical. Muchos de sus integrantes no están cómodos en el esquema actual. No se trata de distribución de cargos, muchos de sus integrantes no acuerdan fondo y formas de los proyectos libertarios.

Las autoridades, hasta ahora, lograron un fino equilibrio. Pero sus integrantes no dudan en dar indicios de aquella incomodidad. Ante la sospecha de corrupción en la Comisión Administradora del Río Uruguay, se pronunciaron.

Hubo debate en torno a la situación que provocó en Colón el accidente en Brasil del intendente Walser y los reclamos se hicieron sentir después de un debate que, comentan, excedió la cuestión puntual.

Otros pusieron a la obra social provincial en la mira y el DNU de Milei que habilita a la SIDE a realizar detención de personas. Un muestrario de pequeños movimientos que no llegan a mover las capas tectónicas. Un mundo de sensaciones en el que todo está por verse, porque los terremotos aún no son predecibles.

Entre la batalla de Caseros y decisiones nacionales

Y no nos referimos a lo que pasó en otros siglos, con otras gentes. Es que, en el acto realizado en Caseros, Departamento Uruguay, con la cercanía del Palacio San José, el gobernador Frigerio estableció un perfil.

El solar que aún deslumbra, en el que Justo José de Urquiza soñó la institucionalidad y donde lo topó la muerte, fue el espacio en que surgió un compromiso potente del mandatario con valores de la estirpe entrerriana.

Dijo el poeta: “Soy de la tierra entrerriana, soy un paisano tremendo, bien parejito con todos y no ando retrocediendo” (1).

El ahijado de Arturo Frondizi se colocó en la senda del caudillo que se pronunció de palabra y de hecho contra la que era para muchos una tiranía. Si de defender esta provincia se trata la cuestión, está claro qué ejemplo de la historia provincial tomará el mandatario.

Refiriéndose a Urquiza afirmó: “No es pasado, sino un faro que sigue guiando a la Argentina”.

Las palabras fueron dichas en un Departamento, el de Uruguay, que jamás dejó de sentirse en la raíz misma de la historia entrerriana y cuenta en el ADN de su gente el reproche por haber perdido su condición de capital provincial. Historias que hacen la historia.

Pero transitamos un momento intenso. Habrá, en los próximos meses, que plantarse frente a situaciones difíciles. Urquiza, que ya cuenta con un espacio en el salón de los próceres de la Casa Rosada, es un tamiz bravo para ser vértice de definiciones políticas.

El peso de sus ideales en las relaciones entre la administración nacional y la provincia marcó una época. En el palacio San José se desplegaron acciones cuyo efecto aún hoy perdura.

Habrá que tenerlo muy en cuenta. Quizá 2026 sea el año para acciones que marquen este tiempo.

Los recursos, esa es la cuestión

Mientras se esperan los dichos del gobernador frente a la Asamblea Legislativa, no debe perderse de vista la situación financiera de Entre Ríos y las decisiones que toma el gobierno nacional que impactan en las provincias.

Entre Ríos, otra vez, jugará fuerte. La obligación de hacerlo está en el aire.

Esta provincia fue, durante mucho tiempo, el territorio crepuscular pensado para la defensa estratégica de la Argentina, por si se daba algún enfrentamiento con Brasil.

Fueron diluyéndose las hipótesis de conflicto y apareció, poco a poco, la infraestructura de conexión que unió el vigor charrúa a la Argentina toda.

Rompió la insularidad el Túnel Subfluvial, a fines de los ‘60 del siglo pasado. Una idea política, de líderes lúcidos, solventes, que no dudaron en usar su inteligencia para sobreponerse a los escollos que construía el poder central.

Más acá en el tiempo hay situaciones. Siempre se trata de recursos. Es que las provincias son anteriores a la Nación y a veces es algo que se pierde de vista.

Un ejemplo de la disputa permanente es lo concerniente a Salto Grande. La gran obra inconclusa, sobre todo en sus efectos. Produce energía que alimenta al sistema interconectado nacional con precios bajos. No fue de tránsito fácil, pero parte de los excedentes comenzaron a venir.

Hubo en esta situación, nuevamente, inteligencia y lucidez. La dirigencia supo poner un freno a la noble trifulca de partidos para ir tras lo importante. En los ‘90 el trabajo entrerriano en el Congreso Nacional se hizo sentir y alcanzó para doblegar la postura de una figura que, como Urquiza, hoy ocupa un espacio en el salón de los próceres y no quería ceder.

Demuestra que el pueblo siempre estuvo respaldando a la dirigencia cuando se trató de hacerle sentir al poder central lo que por estos lares se considera una injusticia.

Habrá que ver hasta dónde llega el compromiso para luchar por los recursos. Es una parada brava. Hay que tomar los ejemplos históricos en este tiempo donde aparecen, si de dineros se trata, nubarrones en el horizonte.

Habrá que medir las palabras y apelar a la astucia, alumbrada por los ejemplos de la historia, los de la época de Urquiza y los de más acá.

¿Por qué es tan importante tener en cuenta la discusión por los recursos? Está en ciernes (en el marco de una reforma laboral) la posibilidad de establecer una normativa que desfinanciaría a los Estados Federales de manera brutal.

La quita de ingresos coparticipables no es más que plasmar, con enrevesadas maneras, lo que desde que se discutía el Pacto de Mayo hasta aquí quiere lograr el Estado Nacional: que las provincias ajusten su gasto público.

En algún momento se habló de la necesidad de que los Estados Federales dejen de gastar 60.000 millones de dólares. Detalles, todo discutible.

Siempre los recursos, porque de su volumen depende cómo y hasta donde puede funcionar una provincia.

Más allá de las posturas que podría asumir un seguidor de Urquiza muy ortodoxo, hay que tener en cuenta lo que plantea la Constitución de Entre Ríos. “Esta Constitución reivindica la potestad provincial en materia tributaria vedándose la delegación de atribuciones locales a la Nación. La provincia no podrá celebrar tratados o convenios con la Nación u otras provincias mediante los cuales se declinen los derechos de establecer o percibir impuestos que le son privativos. Sólo se podrán suscribir convenios de coparticipación que no menoscaben sus ingresos”.

Así lo indica el artículo 8 de la Carta reformada en 2008, con amplio consenso.

Mientras se espera lo que Rogelio Frigerio pueda hacer y decir, mientras los adversarios se acomodan, no perdamos de vista, teniendo en cuenta la historia lejana y cercana, qué le sucede a los que no dan todo en la batalla.

(1) Carlos Santamaría, en Recuerdo Costero, una chamarrita.

(*) Periodista - Especial para ANALISIS

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