El encuentro entre Rogelio Frigerio y Gustavo Bordet fue considerado un gesto político que tiende a recuperar el valor del diálogo.
La reunión que este martes mantuvieron el gobernador Rogelio Frigerio y el ex mandatario provincial Gustavo Bordet no fue un hecho más en la agenda institucional de Entre Ríos. Por el contrario, se trató de un gesto político cargado de significados, que interpela tanto a la cultura democrática como a las formas contemporáneas de ejercer el poder en un contexto atravesado por tensiones económicas, sociales y federales. No se vieron cámaras ni comunicados rimbombantes; hubo, en cambio, una conversación a solas, en el despacho del gobernador, y una invitación formulada en un carácter preciso: Bordet fue convocado como ex gobernador, no como diputado nacional ni como referente orgánico del Partido Justicialista.
Ese detalle, lejos de ser menor, define el encuadre político del encuentro. Frigerio decidió sentarse a dialogar con quien gobernó Entre Ríos durante ocho años y conoce, como pocos y desde adentro, la compleja maquinaria del Estado provincial: sus inercias, sus límites estructurales, sus urgencias sociales y sus márgenes de acción. En términos institucionales, la decisión supone reconocer un capital de experiencia que trasciende la coyuntura partidaria y que puede resultar valioso en tiempos de incertidumbre.
También es cierto que el diálogo llega demorado. El propio Bordet lo ha señalado en reiteradas oportunidades: durante los primeros dos años de la actual gestión provincial, ese canal no se había abierto. De todos modos, la reunión de este martes rompió, entonces, una lógica de compartimentos estancos que suele caracterizar a la política argentina, donde los cambios de signo partidario suelen traducirse en silencios prolongados y desconfianzas mutuas. En ese sentido, el encuentro puede leerse como una rectificación necesaria y, al mismo tiempo, como una señal hacia el sistema político en su conjunto.
“El encuentro con el gobernador Rogelio Frigerio se dio en un marco de diálogo institucional que considero natural y necesario”, expresó Bordet a ANÁLISIS tras la reunión. Y agregó una definición que sintetiza su posicionamiento: “Debería ser una práctica habitual entre quienes hemos tenido responsabilidades de gestión, basada en el respeto, la madurez política y la búsqueda de soluciones concretas para los desafíos que enfrenta nuestra provincia”. La frase no sólo describe el tono del intercambio, sino que instala una vara ética para la política entrerriana: la del diálogo como método, incluso -y sobre todo- en la diferencia.
Desde ese lugar, Bordet llevó al despacho de Frigerio una agenda cargada de preocupaciones concretas. Advirtió, en primer término, que “las decisiones que se están tomando desde el gobierno nacional condicionan fuertemente a las provincias y limitan su capacidad de respuesta”. La afirmación conecta a Entre Ríos con un debate de escala federal, donde el ajuste fiscal, la paralización de la obra pública y el recorte de transferencias impactan de lleno en las economías regionales. “Esto requiere una mirada responsable y comprometida”, sostuvo, y dejó en claro su disposición a colaborar desde su rol actual de oposición: “Siempre voy a estar dispuesto a aportar -hoy desde mi rol de oposición- porque cuando está en juego el bienestar de los entrerrianos no puede haber especulación ni mezquindades”, indicó.
En el plano social, Bordet indicó a ANÁLISIS que fue enfático al manifestar su repudio al despido de más de un centenar de trabajadores municipales en Concordia. No se trató sólo de una defensa gremial, sino de una advertencia institucional: “No sólo por lo que implica en términos laborales, sino también por la gravedad institucional que supone limitar el derecho a la protesta legítima en plena democracia”. El planteo introduce una dimensión que trasciende el caso puntual y remite a la calidad democrática, a los límites del poder y al respeto de los derechos fundamentales.
La crisis laboral y productiva también estuvo sobre la mesa. Bordet mencionó específicamente la situación de la empresa Tres Arroyos, con atrasos salariales y serias dificultades operativas que afectan a cientos de familias. En ese punto, el ex gobernador volvió a vincular la coyuntura provincial con un escenario económico más amplio, donde la falta de políticas activas golpea con dureza a las comunidades del interior.
Otro de los ejes centrales fue la obra pública. Bordet le señaló a Frigerio que “la falta de financiamiento no es un dato técnico: se siente en el empleo, en la economía local y en la vida cotidiana de la gente”. La frase resume una concepción del Estado que entiende a la inversión pública como una herramienta de desarrollo y cohesión territorial. “Es imprescindible que el Estado recupere un rol activo en el desarrollo y la integración territorial”, subrayó, marcando una diferencia clara con la lógica de retracción estatal que hoy predomina a nivel nacional.
En materia previsional, Bordet fijó una posición nítida respecto de la Caja de Jubilaciones de Entre Ríos. Fue claro al afirmar que cualquier reforma debe contar con el acuerdo de los trabajadores, quienes sostienen el sistema con sus aportes. “Sin consenso ni participación activa, no hay reformas que puedan considerarse legítimas ni sostenibles en el tiempo”, advirtió, y renovó su compromiso de “defender un sistema digno, equilibrado y respetuoso de los aportantes y de los jubilados entrerrianos”. No es una postura improvisada: recordó que durante su gestión impulsó un debate sobre la Caja, que quedó truncado por la irrupción de la pandemia, aunque luego se avanzó en correcciones parciales para reducir asimetrías.
Finalmente, el encuentro incluyó una mirada estratégica sobre el desarrollo regional. Bordet expuso dos proyectos que impulsa en el Congreso: el incremento de las regalías de Salto Grande y la conexión vial entre Brazo Largo y Nueva Palmira, para la cual busca la declaración de interés público. Ambas iniciativas apuntan a fortalecer la infraestructura y el posicionamiento de Entre Ríos en el mapa productivo y logístico del país y de la región.
Más allá de los temas abordados, la reunión deja una enseñanza política de fondo. En tiempos de polarización, el diálogo entre dirigentes de distinto signo no debería ser una excepción ni un gesto extraordinario, sino una práctica habitual. Frigerio y Bordet dieron, al menos esta vez, un paso en esa dirección. El desafío será sostener ese camino y traducir las palabras en políticas concretas que respondan a las necesidades reales de la sociedad entrerriana.
Frigerio puso sobre la mesa la reforma de la Constitución
Por su parte, desde la Casa de Gobierno se reconoció que Frigerio le planteó a Bordet la posibilidad de trabajar una agenda de asuntos a ser incluidas en una Convención Constituyente.
El objetivo del gobernador es la necesidad de reformar la Carta Magna y lo fundamentó la iniciativa en dar herramientas que permitan facilitar la gestión del Estado, aunque no se dieron mayores precisiones.
La idea de la reforma constitucional ya había sido expresada -como deseo político- por parte del ministro de Gobierno y Trabajo, Manuel Troncoso en las dos últimas veces que fue entrevistado en el programa “Cuestión de Fondo” (Canal 9, Litoral).
La última vez -el miércoles 17 de diciembre de 2025- Troncoso respondió la inquietud periodística:
- Usted en la primera entrevista que le hicimos a comienzo de gestión, dijo que le interesaba y había hablado con el gobernador de la posibilidad de llevar adelante una reforma de la Constitución. Hay margen para eso, porque se inicia el tercer año de gestión.
-Me acuerdo que lo charlamos el otro día con el gobernador bastante someramente, pero salió el tema. Personalmente, estamos hablando en la reunión de gabinete. Y es un tema que está en la agenda y que nos interesa. Creo que es un tema importante. No es fácil crear una reforma constitucional. Intentamos no agotar a la ciudadanía, que eso también no es menor.
- ¿Podrían aprovechar el envío de Santa Fe?
-Sí, en Santa Fe le salió muy bien al gobernador (Maximiliano Pullaro). Para mí sería muy importante entrar a una reforma constitucional. Entiendo que para el gobernador también. Lo hablamos. Hay que encontrar el momento, que no es fácil.
- ¿No les queda mucho tiempo?
-No, pero sentimos que es necesario. Nos quedan dos años todavía.
Ahora, en el encuentro con Bordet, es la primera vez que Frigerio lo expone como un tema prioritario de su gestión.




