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Ni Una Menos en Paraná: cientos de voces unidas por el derecho a vivir sin miedo

Las 15:00 en la Plaza 1° de Mayo de Paraná es, normalmente, un horario tranquilo, silencioso. Pocas personas circulan para llegar o volver del trabajo. Pero no este miércoles 3 de junio. Es, justamente, a las 15:00 en punto cuando un grupo nutrido de mujeres -mayormente vestidas de negro y violeta- empiezan a colmarla acompañadas del mate, pañuelos y carteles. En esta oportunidad, el pedido de Ni Una Menos estuvo marcado por el femicidio de Agostina Vega, la adolescente cordobesa de 14 años que fue asesinada y buscada intensamente por una semana. El caso de esta joven es el de muchas, los más de 3.000 femicidios que hubo entre la primera marcha, en 2015, y la actualidad.

Los carteles son variados, así como las edades de sus portadoras: predominan las chicas jóvenes, adolescentes, pero también madres, mujeres mayores y algunos varones que acompañan el reclamo con su presencia. “Es la primera vez que vengo a una marcha”, dice a ANÁLISIS una adolescente que tiene un cartel que reza ¿Es mucho pedir que no nos maten? “Vengo de Feliciano y en mi ciudad las convocatorias no son así de grandes como en Paraná”, observó, “es muy fuerte lo que se vive en estos días, parece que se deja de lado todo lo que se luchó y me enojó, por eso vine: por Agostina Vega y todas las chicas que sufren”. Otra joven, a su lado, relató que es oriunda de General Ramírez y también es la primera vez que puede sumarse a una convocatoria de este tipo: “Es triste que se justifique la violencia”, opinó, “muchas veces se dice que los hombres son así, escondiendo esa realidad”. 

En la previa a que inicie la movilización el diálogo era nutrido: grupos de mujeres conversaban y destacaban la importancia de estar presentes. Algunas también lloraban. “Me da mucha bronca que tengamos que seguir pidiendo que dejen de matarnos”, expresó una mujer de rulos y un pañuelo violeta en la cabeza con los ojos llenos de lágrimas, “pero vamos a salir las veces que hagan falta”. La onceava marcha de Ni Una Menos se concentró en los pedidos de declaración de emergencia en violencia de género y el pedido de implementación de políticas públicas que eviten que las víctimas de violencia estén expuestas a situaciones que terminan en femicidios. Además, se exigieron la aplicación adecuada de los mecanismos existentes para asistir y proteger a las víctimas.

Gradualmente el ruido aumenta: los bombos se hacen más fuertes, los murmullos se vuelven cánticos y los carteles se ponen en alto, todos de distintos tamaños, colores y elaborados, pero el mensaje el mismo: “Por qué te espantás por las que luchan y no por las que matan”, “Cada 31 horas un varón argentino se convierte en femicida”, “No son cifras, son vidas”, “No hay excusa para encubrir al que abusa”, “Somos el grito de las que ya no están”, “¿Quién será la próxima?”, “No es un caso más, es una vida menos”, “Que ser mujer no nos cueste la vida”, “¿Por qué algo tan simple como vivir tranquila es un privilegio?”, entre muchos otros empiezan a amontonarse hasta la columna de tres cuadras que sale desde Corrientes y Urquiza tras una pancarta con la consigna: “Con Milei y Frigerio no hay Ni Una Menos. Los derrotamos en las calles”.

Allí, referentes del movimiento feminista de la capital entrerriana inician la caminata bajo el grito “Ni Una Menos”. En el camino, muchas se toman fuerte de las manos, se abrazan a sus amigas y cantan, gritan y algunas vuelven a llorar. Durante el trayecto hasta Casa de Gobierno el diálogo es variado. “Antes estaba muy en contra del movimiento feminista”, dice una chica en voz baja mientras le ceba un mate a otra que marcha a su lado, “pero un día un chico me acosó en el boliche…me quería dar un beso y me insistía aún cuando le decía que no, hasta que una chica vino y me ayudó a salir de esa situación. Ahí entendí que eso es feminismo”. 

Más atrás, dos varones charlan tranquilos mientras acompañan la movilización: “Cuanta más gente venga mejor, como varón entiendo que hay que tomar posición, hay que tener empatía, hay que luchar por una sociedad con menos violencia”. Su amigo, asiente y agrega: “No todos los varones se animan a hablar de estos, falta sensibilizar a las masculinidades. Pero es fundamental educar en los micromachismos, hay que poner los límites ahí”. 

Lentamente la concentración, mayor a la de otros años, se acerca a Plaza Mansilla. Una mujer mayor, con cabello blanco y un conjunto deportivo negro, reflexiona: “Somos pocas…a pesar de que parecemos un montón, hay que reclamar que las políticas de género sigan existiendo, no pueden seguir matando mujeres”. 

El grito se vuelve más fuerte en la llegada a Plaza Mansilla, cuando la concentración se dispone frente a Casa de Gobierno. Previo a la lectura del documento, se pide Justicia por Agostina Vega, por Dulce Candia en Misiones, por la joven que sobrevivió al ataque de cuatro hombres en Feliciano, por Noelia Rivero de Temperley. Y entonces el silencio de la tarde tranquila y apacible que caracteriza a Paraná en sus últimas horas del día ya no existen. La tapan los tambores, los cantos, los nombres que se repiten para que no se olviden. La columna se dispersó frente a Casa de Gobierno, pero los carteles continúan levantándose alto y otras se abrazan en silencio durante la vuelta a casa. Once años después del primer Ni Una Menos, el reclamo -lamentablemente- permanece siendo el mismo: vivir sin miedo.

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