Memoria Frágil y el frigorífico que marcó a la ciudad del sur

Frigorífico de Gualeguaychú

Memoria sobre el apogeo y caída del Frigorífico de Gualeguaychú.

De ANÁLISIS

Gualeguaychú vivió buena parte de su historia alrededor del frigorífico. Fueron más de 60 años por donde transitaron innumerables familias de la zona, pasaron generaciones de trabajadores y marcó a fuego el crecimiento de la ciudad del sur entrerriano. Hubo un antes y después del frigorífico, cuya estructura hoy sigue siendo testigo silencioso de todo aquello.

Ricardo Denis, exempleado recordó que el frigorífico fue parte “de nuestra vida”. “Lamentablemente en el 91 nos quedamos sin esa fuente de trabajo. El frigorífico fue un gesto  patriótico porque trabajaba con hacendados de acá y de capitales nacionales. Era modelo y venían de todos los lugares del mundo a observar cómo trabajaba. Todo estaba pensado y diseñado. En la parte social de Gualeguaychú fue súper importante. Tenía tres barcos. Supo haber 1800 personas trabajando. Era exportador. Con el paso del tiempo se fue exigiendo más a la industria. Se exigió el envasado al vacío. Vinieron empresarios especulativos y en el 91 terminaron presentado quiebra y cerraron. Pero el frigorífico trabajaba para todos los lugares del mundo. Nosotros veníamos a nuestras casas, en el caso de mi padre, mi abuelo. Los diez años que me tocaron de mi vida me marcaron a mí y mi familia”

El exempleado Daniel Hernández, agregó que trabajar para el frigorífico era “casi un estatus”. “Paralelamente a que el empleado viviera de su trabajo, la promoción social del empleado era fundamental para la política del frigorífico. Había acción social para empleados, esposas e hijos. Los obreros independientemente de trabajar pudieran hacer mucha actividad deportiva y el cuerpo médico del frigorífico controlaba la salud”.

El ex empleado Orlando Raffo testimonió en un documental: “Entré acá en  diciembre de 1943 y salió en marzo de 1983. Desposté y piqué. La llamaban carne deshidratada con un cocimiento. Parecía un chicharrón. Se envasaba en tarros fabricados acá mismo”

Domingo Cuenca también compartió su historia. “Para mi significó todo desde el momento de la entrada. Salía de la colimba a algo que te brindaba todo. Había acción social, nos daban carne al 10 por ciento del valor, había salas de gimnasia, trabajo seguro y horas extras seguras. En el 60 fue el exportador número 1 de Argentina. Después que cerró empezamos con visitas de los colegios. Hacíamos turnos y todos salían asombrados por lo que era el frigorífico. Había 32 cámaras, en las de prefrío pasaba la faena. La cantidad que se faenaba era debido a una cuereadora que podía cuerear 120 animales por hora”.    

El de Gualeguaychú fue el primer frigorífico nacional que se opuso al monopolio inglés. 

Pocos recuerdan que por ese frigorífico hubo luchas memorables en el Congreso de la Nación, a través de Lisandro de la Torre y fue asesinado Enzo Bordabehere. Fue un escollo importante para los frigoríficos ingleses que dominaban el mercado con el favor de los políticos en tiempos infames.

En el despunte del siglo XX fue una cruzada de avanzada y dio los pasos iniciáticos para una economía vinculada con el desarrollo social. Fue el que incorporó a la mujer al mundo del trabajo cuando todavía ni siquiera podían ejercer derechos cívicos. 

Enrique Castiglioni, hijo de ex empleado recordó que su padre fue director y síndico del frigorífico. “Los frigoríficos tienen el gran problema que el 95% iba al mercado extranjero. Siempre se tiene que manejar con valor dólar. Siempre estaban las cámaras abarrotadas de carne que no se podía entregar porque el valor del dólar estaba atrasado. Siempre hay una brecha muy importante. Cuando el dólar se actualizaba, exportaba. Constituyó el frigorífico Gualegauychú España, Inglaterra, Francia. Y después vinieron los judíos donde se faenaba y venían mandatarios de Israel a observar la franqueza de la matanza de animales. En 1995 un grupo de vecinos constituimos una comisión pro reactivación”.  

“Los diferentes cortes se pasaban a cámaras de congelado, las cajas con distintos destinos. Había túneles en los que se trabajaba hasta 24 grados bajo cero y ahí  empezaba la cadena de frío. Tenía que salir con tanto frío de acá para llegar con tanto frío a destino”, describió Daniel Hernández. “En las camaritas de congelado, arriba, se trabajaban las menudencias. Todo eso se fue perdiendo. Eso estaba preparado para exportar. No servía matar 500 animales. En esa época se trabajaba con fuel oil. De ahí salía agua, vapor, frío, con todo se mantenía el frigorífico. Se tomaba agua del río y se purificaba. De ahí se enviaba a tachos de 600 mil litros que estaban arriba de la playa de faena. Si se cortaba la electricidad había transformadores para iluminar y mantener el frío en las cámaras que se manejaban con  temperaturistas. Era una ciudad dentro del frigorífico”.  

Fue un 29 de junio de 1923 que quedó constituido el denominado “Congreso de los Ganaderos en Gualeguaychú”, cuya presidencia fue asumida por Julián Irazusta y contó con la presencia de productores de casi todo Entre Ríos, de Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires, entre otras jurisdicciones e incluso estuvieron ganaderos de la República Oriental del Uruguay. El paso del tiempo hoy permite referenciar a ese Congreso de Ganaderos como un antecedente valioso para lo que luego se conoció como “Sociedad Anónima de Abastecimiento Urbano Saladeril y Frigorífico Gualeguaychú”, que se constituyó el 10 de septiembre de 1923 en defensa de la economía regional.

Cuenca recordó que cuando ingresó se faenaba como mínimo 900 animales diarios. “Cuando se terminó, el día anterior habían faenado 300 animales. Semejante mole no daba para eso. Para mantener todo ese monstruo en marcha se gastaba mucho. Para nosotros el cierre fue un gran dolor. Hubo malos manejos. Se hubiera podido rescatar el frigorífico, pero como después se empezó a  usar políticamente. Cada vez que hay elecciones salta el tema y nadie hace nada. Hoy ya es imposible. La maquinaria que se usaba no reemplazaba al humano. El hombre se precisaba sí o sí. El último testeo que se hizo, sí o sí determinaba que se debían emplear 90 personas en planta”.  

Posguerra

Finalizado el periodo de posguerra, los países europeos desarrollaron una política de autoabastecimiento con la creación de uniones comerciales, en las que se fomentaba fundamentalmente la producción de ganado, lo cual retrajo la demanda de nuestras carnes y ello afectó directamente al frigorífico Gualeguaychú. Asimismo, la gran inundación del 1959 afectó la planta provocando su paralización y pérdidas millonarias. Se inundaron los sótanos de las cámaras frías con una gran cantidad de productos que no pudieron ser sacados a tiempo. En aquel entonces también se vio obstaculizada la producción por la huelga que durante un mes efectuaron los obreros de la carne.

Daniel Hernández recordó que el frigorífico era la “principal actividad de la ciudad”. “Había otras agroindustrias pero en menor escala y otras actividades como campo,  ferrocarril, comercio y empleo público. Pero el frigorífico era el motor que inyectaba dinero. Eso en lo económico y productivo. También ponía el nombre de Gualeguaychú en el mundo.  

Daniel Hernández contó que cuando se vendía a Israel, venían los rabinos a faenar. “Sólo llevaba el cuarto delantero porque el cuarto trasero era lo impuro y pecaminoso del animal. Así que lo que no llevaban quedaba para satisfacer el mercado local. Por un lado el frigorífico daba la posibilidad de trabajo y dignidad y que sus productos puedan ser consumidos por la población”.

En la década del ´70 la situación ya era difícil de sostener y los mercados casi imposibles de acceder. El imperio económico mundial ya no daba espacios a las carnes argentinas. Tampoco había respuestas favorables de parte de las autoridades gubernamentales que permanecían indiferentes ante la delicada situación. Todas las puertas se cerraban; ya no había más créditos, lo que producía la cesación de pagos a los distintos proveedores, atraso en los sueldos y jornales del personal.

Las puertas del Frigorífico mostraron su peor rostro: el cierre y el candado. Y así, Gualeguaychú sufrió una gran pérdida.

“Nosotros nunca pudimos creer en el cierre. Cuando cerró fue una etapa de cierre en la vida. Fue muy duro. Muchos nos quedamos sin indemnización. Fue una etapa muy dura que no podemos olvidar. El trabajo que dignifica a toda persona y fue un golpe duro para los empleados y todo Gualeguaychú”, expresó Ricardo Denis.  “Ver empleados del frigorífico con hijos que no podían mantener, sabiendo que son familia trabajadora. Los empleados intentamos y luchamos por nuestra fuente de trabajo pero no pudimos. Los empleados hicimos lo imposible, otros se entregaron”.

Daniel Hernández recordó una noche de tormenta. “A la vuelta esa tormenta provocó la inundación del 59. Esa noche, el frigorífico, las calderas se quedaban sin vapor de llamar a las 3 o 4 de la mañana a todo el personal porque venía una inundación muy importante. Había que rescatar la mayor cantidad posible de carne que estaba en cámaras bajas lista para exportar. Fue un sonido lastimero que no olvido. Una noche de tormenta y luces mortecinas, de focos de filamento en cada esquina con baja tensión. Ese es el recuerdo más triste del frigorífico. Gran cantidad de personal se hizo presente y lograron salvar toda la producción. No llegó a inundarse, el agua no ingresó a áreas críticas”.

“No quería tocar tema político, pero con el 1 a 1 no se podía exportar carne argentina, era muy era. Los empresarios tampoco hicieron nada, fueron especuladores y decidieron que frigorífico fuera a la quiebra. Más de la mitad de los obreros no cobramos indemnización pero no bajamos los brazos y seguimos luchando. El frigorífico fue una piedra fundamental para la ciudad. Pero nos dejaron en la calle”,  dijo Ricardo Denis.

A partir de 1986 se empezó a vivir otra época dramática. En ese año se generó una nueva ilusión, que luego terminará decepcionando las expectativas creadas. Fue cuando intervino la empresa latinoamericana Víktor, de capitales rusos. 

Domingo Cuenca habló de “nostalgia”. “Vinieron de Buenos Aires un grupo de ingenieros y querían ver si el frigorífico daba ediliciamente para su proyecto. Estuvieron medio día adentro. Cuando salieron me dijeron que había para 100 años más, que la estructura era impresionante porque es todo diseño inglés. La época de furor del frigorífico fue dirigida por un inglés, en su época dorada. Hoy ya no existe eso. Una vez fui a Buenos Aires y mostraban frigoríficos en una puerta de garaje. Hasta que metieron preso a Samid que era el ‘Rey de la Carne’ mataban 500 animales por día, compáralo con esto”.  

Ricardo Denis añadió: “Pensar en compañeros que tenían la esperanza que se recupere, genera mucho dolor y nostalgia. Lo lamento porque terminó de la manera que nadie esperaba. Incluso desestimé otro trabajo porque no le tenía fe. No me quería ir del frigorífico. Cuando cerró, me fui a enseñar a frigoríficos de Paraná”.  

“El impacto fue tremendo dada la dependencia de la ciudad. Se dieron circunstancias en las que todos los rubros andaban mal. El cierre fue por etapas. El Banco de Entre Ríos había tomado posesión por la deuda del frigorífico lo alquilaba, lo daba a distintos administradores. Los últimos que estuvieron fue un grupo ruso. Los negocios que tenían pensados no se concretaron y las inversiones que hicieron quedaron en frigorífico. Después quedó en manos de la provincia y luego pasó al municipio”, precisó Daniel Hernández

Lo demás es parte de la historia más reciente. Un largo proceso para verificar los créditos de la quiebra. Docenas de empresarios recorriendo sus instalaciones y haciendo del sueño una pesadilla. La compra por parte del gobierno provincial en una subasta pública. Y así, el predio hoy es propiedad de la comunidad, en manos del municipio. El gigante dormido sigue allí; en silencio, desmantelado, guardando sueños que ya no serán y que solo quedaron en la historia de la comunidad.

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