José Alberto Jozami
La reforma laboral que se discute en la Argentina constituye un avance respecto de un marco normativo cuya base conceptual se remonta a la década de 1960. En ese sentido, toda actualización que otorgue mayor previsibilidad jurídica y ordene relaciones laborales obsoletas debe ser considerada positivamente.
Sin embargo, conviene evitar falsas expectativas. Tal como está planteada, la reforma difícilmente genere el shock de empleo que el país necesita. No porque sea negativa, sino porque no actúa sobre el verdadero núcleo donde podría producirse una expansión rápida y masiva del empleo formal.
Un diseño pensado para empresas grandes
La arquitectura de la reforma parece responder principalmente a la lógica de empresas medianas y grandes, con capacidad financiera y estructura administrativa suficiente para absorber nuevos esquemas de costos y fondos obligatorios. Para ese universo, la reforma puede resultar útil: reduce incertidumbre jurídica y ordena mecanismos de desvinculación.
Pero el problema central del empleo argentino no está allí.
El costo laboral no baja: se reordena
Aunque el discurso oficial enfatiza la previsibilidad, en los hechos la reforma introduce nuevos costos laborales directos e indirectos. Estos pueden ser administrables para empresas grandes, pero resultan significativos para unidades productivas muy pequeñas.
Para una microunidad económica, el problema no es si el costo es más claro, sino si es pagable mes a mes. En ese segmento, cualquier costo fijo adicional desalienta la contratación.
El fondo de cese y el verdadero obstáculo
La creación de un fondo de cese laboral puede ser razonable para empresas con rotación permanente de personal. Sin embargo, no responde al principal obstáculo del empleo en la Argentina: el miedo a contratar por primera vez.
El debate laboral suele concentrarse en cómo despedir mejor. El desafío real es cómo lograr que millones de personas se animen a contratar.
El sujeto ausente: la micropyme real
Uno de los errores centrales del debate es tratar como homogéneo a un universo que no lo es. No es lo mismo una empresa de 80 empleados que una de 10, y ninguna de ellas se parece a una unidad económica de 1, 2, 3 o 4 personas.
En la Argentina existen aproximadamente cuatro millones de potenciales empleadores entre monotributistas, autónomos y cuentapropistas. Allí se concentra la mayor parte del empleo informal, la mayor capacidad de contratación distribuida y el mayor temor al primer empleado.
Regular a estas unidades como si fueran pymes es, en la práctica, empujarlas a la informalidad o a no contratar.
Propuestas para un shock de empleo real
Si el objetivo es generar empleo formal de manera significativa, la política laboral debe segmentar explícitamente y actuar sobre el nivel micro. Para ello, se propone implementar, de manera excepcional y transitoria, una ventana de estímulo de seis meses a un año, orientada a acelerar decisiones de contratación.
1) Programa “Mi Primer Empleado”
No “mi primer empleo”, sino mi primer empleado. El foco debe estar en ayudar al trabajador independiente a dar el salto a empleador, reduciendo costos iniciales, riesgos legales y carga administrativa.
2) Período de prueba extendido para micropymes
Un régimen excepcional y temporal, de hasta 24 meses, exclusivamente para empresas de hasta 3 o 4 empleados. No para precarizar, sino para reducir el miedo a equivocarse, principal causa de no contratación.
3) Fondo de ayuda al despido para micropymes
Complementario al fondo de desempleo general, pensado como respaldo ex ante, para que el empleador sepa que no enfrentará una catástrofe económica si una relación laboral fracasa.
No es flexibilizar: es formalizar
Estas propuestas no eliminan derechos ni generalizan excepciones. Se aplican solo a un segmento específico y buscan formalizar relaciones laborales que hoy ya existen sin protección.
No se precariza empleo formal.
Se crea empleo que hoy no existe.
Conclusión
La reforma laboral es necesaria y positiva como herramienta de ordenamiento. Pero no es, por sí sola, una política de creación masiva de empleo.
El verdadero shock laboral no vendrá de las grandes empresas, sino de millones de micropymes que hoy no se animan a contratar. Sin un régimen diferenciado para ese segmento, la reforma mejorará la salida del sistema, pero no abrirá la puerta de entrada que la Argentina necesita.
(*) José Alberto Jozami es expresidente de la Corporación para el Desarrollo de Paraná (CODEPA).




