Alejandro Sanz tuvo dos noches en Buenos Aires.
En dos noches cargadas de emoción y nostalgia, Alejandro Sanz volvió a demostrar por qué su vínculo con el público argentino tiene algo de ritual compartido. El cantante español inauguró su gira “¿Y ahora qué?” el año pasado en México y en este marzo llegó al imponente predio del Campo Argentino de Polo, ante miles de personas que corearon cada verso como si fuera una conversación íntima. Luego de venir de su presentación en Rosario, este fin de semana completó dos fechas en la ciudad de Buenos Aires y queda una más: el domingo 8 se presentará en Córdoba, para coronar en Argentina una celebración de una carrera que lleva más de tres décadas atravesando generaciones.
Los shows, que se extendieron durante más de dos horas, funcionaron como un recorrido emocional por el repertorio del artista. Con una banda sólida -con mucha presencia femenina- y una puesta que apostó por la cercanía más que por el artificio, Sanz fue hilando clásicos y momentos de complicidad con el público, en una noche donde la música se sintió tan colectiva como personal. Desde el primer acorde, quedó claro que el cantante sabe leer la energía argentina: entre aplausos, ovaciones y celulares en alto, cada canción fue recibida como un recuerdo compartido.
La gira “¿Y ahora qué?” —que marca una nueva etapa artística del músico— combina una mirada hacia el futuro con el repaso de esos temas que ya forman parte del ADN sentimental de sus fans. Así, el repertorio se movió con naturalidad entre los hits que definieron su carrera y las canciones más recientes, creando un clima que osciló entre la celebración, la nostalgia y la intensidad romántica que siempre caracterizó su obra.
Uno de los momentos más especiales de la primera noche llegó con la aparición de Yami Safdie como invitada. La artista se sumó al escenario para compartir un segmento del show y aportó una sensibilidad fresca que dialogó con la experiencia de Sanz. Juntos, presentaron "Cuentame", una canción en colaboración con la que deleitaron a todos. El cruce generacional fue celebrado por el público y aportó uno de los pasajes más cálidos del concierto, reforzando la idea de que la música del español sigue encontrando nuevas formas de resonar en distintas generaciones.
En ambas fechas, los grandes hits como “Quisiera ser”, “No me siento bien”, "Amiga mía", "Deja que te bese" y "Cuando nadie me ve", no se hicieron esperar y fueron cantadas a coro por el público de principio a fin.
"El alma al aire", "Mi marciana", "No es lo mismo", “Y si fuera ella” y, "Aquello que me diste" brillaron en la noche porteña, dando paso también a la intimidad del solo de piano con versiones bellísimas de "Lo ves" y "Las guapas".
Pero más allá de lo musical, Alejandro aprovechó también para reflexionar acerca de la guerra, el poder de la música para transitar tiempos hostiles y hasta de la salud mental: "La música es un refugio", fue una de sus frases más aplaudidas de la noche.
Más allá del repertorio, el concierto estuvo marcado por la conexión emocional que el artista construye con su audiencia. A lo largo de la noche, Sanz alternó momentos de introspección con guiños cómplices, agradecimientos y reflexiones que dejaron ver la dimensión humana detrás de la estrella internacional. Esa cercanía —casi confesional— es una de las claves de su permanencia: sus canciones hablan de amor, pérdida, deseo y memoria, pero sobre todo de experiencias que el público reconoce como propias.
El marco del Campo Argentino de Polo, completamente colmado, terminó de sellar la magnitud de la cita. El nuevo formato de shows en el predio permitió una experiencia masiva pero a la vez íntima, donde la voz del cantante y el coro espontáneo de miles de personas se mezclaron en un mismo pulso.
Para el final, Ale se guardó su as, y cantó una de las canciones más esperadas, "Corazón partío", vestido con una camiseta argentina. Luego, el tema se transformó en una inesperada versión remixada al estilo DJ, que hizo explotar el Campo de Polo en una hermosa despedida.
Más allá del repertorio, el concierto estuvo marcado por la conexión emocional que el artista construye con su audiencia. A lo largo de la noche, Sanz alternó momentos de introspección con guiños cómplices, agradecimientos y reflexiones que dejaron ver la dimensión humana detrás de la estrella internacional. Esa cercanía —casi confesional— es una de las claves de su permanencia: sus canciones hablan de amor, pérdida, deseo y memoria, pero sobre todo de experiencias que el público reconoce como propias.
El marco del Campo Argentino de Polo, completamente colmado, terminó de sellar la magnitud de la cita. El nuevo formato de shows en el predio permitió una experiencia masiva pero a la vez íntima, donde la voz del cantante y el coro espontáneo de miles de personas se mezclaron en un mismo pulso.
Para el final, Ale se guardó su as, y cantó una de las canciones más esperadas, "Corazón partío", vestido con una camiseta argentina. Luego, el tema se transformó en una inesperada versión remixada al estilo DJ, que hizo explotar el Campo de Polo en una hermosa despedida.
Fuente: Ohlalá, Euge Castagnino.






