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Panorama: desesperado, soberbio e indolente Adorni resiste

Manuel Adorni.

Errores no forzados son, esencialmente, fallos propios, torpezas. Situaciones inexplicables que ocurren sin la intervención de terceros dispuestos a la zancadilla. Un tiro al pie. No hay explicación.

Manuel Adorni, a él nos referimos, transita un tiempo impensado. Pretendidamente glamoroso, aferrado a sus modos, es autor y actor en uno de los episodios más escabrosos de la política contemporánea.

Deslomándose en Nueva York, atesorando propiedades, yendo de aquí para allá en particular vacación o en su exposición frente a la Cámara de Diputados, erra. Una y otra vez. Así, desterrando el acierto al optar, se alzó con todos los titulares periodísticos y alcanzó la élite en el arte de la pifia.   

Ocupa un eslabón sensible en el esquema reconcentrado de poder libertario, que legítimamente gobierna el país desde diciembre de 2023. Esa ubicación hace que sus actos terminen impactando de lleno en la figura del presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei.

Una encerrona de la que, por sus movimientos, no puede salir y hunde a propios y extraños. Hay pájaros que solitos se entrampan por presumidos, dice en sus versos el payador perseguido.

No tiene, casi, opciones. Descartó renunciar a la jefatura de gabinete, así que para despejar toda duda sobre sus actos debe brindar explicaciones. Tienen que ser claras, contundentes, precisas. Mientras lo intenta, sigue ejerciendo la administración general del país.

No tuvo en cuenta, durante su despliegue estratégico, que salir de los pantanos aplicando una aceleración excesiva, llena de barro a todos los que están más o menos cerca. Está pasando.

Se lo nota incomodo. Quedó claro que no alcanzan los apoyos (peligrosos para los apoyadores, que por su investidura deberían preservarse). Si continúa esforzándose de ese modo, con esas herramientas, él mismo obtura el escape.

Cuando estuvo frente a los legisladores tuvo ventaja. No la supo usar. Conocía de antemano las preguntas y, lamentablemente para él, falló. Dijo que sus viajes fueron afrontados por su propio peculio.

Al rato de esos dichos el periodista Nicolás Wiñazki sostuvo que Adorni incurrió en omisiones, mentiras, contradicciones. “Es grave”, señaló el autor de La Dueña. Mostró documentos que dan por tierra con lo dicho por Adorni en el hemiciclo.

Había negado el financiamiento de terceros en alguno de sus viajes. El periodista de A24 mostró facturas que fueron pagadas por una productora contratada por la televisión pública. Hasta ahora, no ha sido desmentido Wiñazki. Adorni sigue soberbio e indolente, quizá para ocultar desesperación. Resiste.

El periodista, en la esencia de su oficio, mostró documentación. Contundente. Habrá tiempo para conclusiones, porque se trataría de la aceptación de aportes desde un contratista del Estado, para sostener el descanso reparador de Manuel Adorni en Punta del Este. A no perder de vista estos detalles. La justicia interviene. La expectación es grande.

La vida privada, la pública

Una y otra vez oímos, en la exposición de Adorni frente a la Cámara de Diputados de la Nación, la remisión a la vida privada, en un intento por tabicar momentos de su existencia que, según su óptica, deben ser invisibles a la mirada periodística.

“Mis viajes personales, mi patrimonio” lanzó el vocero libertario y rechazó que se quisieran asemejar sus gastos privados con el gasto público. Siruela frente a parlamentarios.

Las conclusiones serán, como siempre debe ser, del lector, pero buscamos en el archivo, intentando echar luz a un tema que se repite a lo largo de la historia: vida pública vs. vida privada. ¿Se pueden escindir?

En El Cronista, en 1991, escribió un artículo Félix Luna. “Los hombres públicos no tienen vida privada: éste es un axioma indiscutible que la historia confirma desde hace siglos. Quienes se colocan, hombres y mujeres, en una situación expectable en la política, las artes o las ciencias, deben resignarse a que sus intimidades se ventilen, sus costumbres particulares se debatan y su personalidad se analice por cualquier quídam. Es la gabela que deben tributar a sus propios triunfos”, escribió el historiador.

Explica que la curiosidad popular es legítima, sobre todo en democracia. Después de diferenciar el mundo anglosajón del latino profundiza que, en general, los secretos están vinculados a la notoriedad en todas sus formas.

¿Alguien más notable que Adorni? Quien además se ocupó de pulir el cristal para mirar adversarios y administraba impiadoso la vara de la moralidad que debía aplicarse en cada una de sus conferencias.

Señala el historiador que la gente notoria despliega una imagen pública que no siempre se corresponde con sus realidades íntimas. Profético.

En los albores de la década del noventa, Luna estimaba que “los defectos también tienen un límite y los hombres públicos, precisamente por serlo, deben someterse a pautas éticas más estrictas que la generalidad. No sólo para brindar un ejemplo, sino para ejercer una autocontención que es indispensable cuando se es el punto de mira de todos”.

Cierra esa observación interesante sobre el tema, más que centenario, mencionando que los hombres públicos deben tener ciertas obligaciones con la comunidad. “Sin quererlo, son modélicos y muchos son los que procuran imitarlos. Aquí estriba su responsabilidad y tal es el tributo que deben pagar por su éxito”.

Claro está que si de tributar se trata al libertario no le ha de gustar demasiado. Ironía.

Brutalismo en crisis

Los próximos días serán determinantes. Para algunos, ordalía, para otros, la simple búsqueda de la tan pregonada transparencia.

La situación, por sus protagonistas, nos empuja a reflexionar sobre la forma -potente y exitosa- de la comunicación presidencial. No quiere decir que nos guste lo que hacen el presidente, sus imitadores entrerrianos o sus seguidores.

Pero hemos intentando, siempre, equilibrar y reconocer la capacidad de La Libertad Avanza (LLA) para intervenir y hasta conducir la conversación pública. Eso sí, sin pensar demasiado en los públicos.   

Sobre el aprovechamiento efectivo de las herramientas de la virtualidad y la adaptación al cambio de época, el especialista Mario Riorda escribió a mediados de marzo de 2024: La comunicación política del presidente tiene una simpleza-muchas veces- extrema y va acompañada de una pretensión desmesurada de autoridad política, moral e intelectual. Se caracteriza por la exaltación de la grandeza desde el autoelogio, la honestidad intelectual, repetitiva e incesante. La aspereza que propone el brutalismo en su diseño, es análoga a las medidas de Milei y sus consecuencias, sociales especialmente. Si el brutalismo deja expuestas sus instalaciones, el gobierno de Milei también se expone en sus entramados políticos (sorpresivos, contradictorios, amateurs) y en la gestión de sus iniciativas políticas (desmesuradas, desprolijas, impactantes). Siempre con una idea de perdurabilidad en el tiempo proponiendo un largo plazo explícito en sus promesas.

Clarísimo y ahora, con Adorni, el vocero, en el vértice, todo se tensiona. Sin reconocer la idea es imponerse sin tener en cuenta que muchas veces el ego expone la estupidez y potencia las torpezas. Acelera la aparición de errores no forzados.

Hasta ahora todo se produce en el marco institucional. La lucha es incesante en las redes, con recortes y apresuramientos que buscan, sobre todo, saturar y de ese modo echar un manto de oscuridad para que no se llegue a comprender exactamente el escándalo Adorni. El Adornigate.

Un sabio periodista que marcó a fuego esta comarca solía decir, al mirar la confrontación política: si no quieres que se sepa, no lo hagas. Si lo hiciste, más temprano que tarde, se sabrá. Moralejas.

Téngase en cuenta que en nombre de la verdad se construyeron muchas mentiras. No podemos decir que el Adornigate sea el caso. Fin.

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