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El femicidio de Silvina Drago y un patrón que los datos confirman

Silvina Drago tenía 56 años, era investigadora del Conicet con la categoría más alta de su carrera y docente titular en la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral. Fue encontrada asesinada de ocho balazos en su vivienda del barrio Candioti Norte, en Santa Fe. En la misma casa estaba muerto su esposo, con una herida de bala y una pistola debajo del cuerpo. La hipótesis principal que investiga la Fiscalía es femicidio seguido de suicidio.

El caso conmueve a la comunidad científica y universitaria. También obliga a repasar cifras que, leídas en conjunto, delinean un patrón.

Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, que elabora la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en 2024 se registraron 228 víctimas directas de femicidio en el país. Inmediatamente después de cometer el hecho, 41 sujetos activos -el 17% del total- se suicidaron, y otros 13 lo intentaron. Es decir: uno de cada cinco femicidas terminó muerto o intentó quitarse la vida tras el crimen.

Ese porcentaje no es un accidente ni una respuesta al arrepentimiento. Es parte de la lógica del control: si no la tengo yo, no la tiene nadie. El suicidio posterior al femicidio es una extensión de la misma violencia, no su interrupción.

En 2024 se contabilizaron también 10 suicidios feminicidas  (o instigación al suicidio) -muertes de mujeres que se quitaron la vida como consecuencia de la violencia de género sistemática que sufrían-, y en un 84% de los casos se comprobó la existencia de una relación preexistente entre la víctima y el agresor según el reporte de la Defensoría del Pueblo de la Nación.

El domicilio como escena del crimen no es un dato secundario. El hogar de la víctima o la vivienda compartida con el agresor sigue siendo el lugar donde ocurren la mayoría de los crímenes. En la Ciudad de Buenos Aires, el 72% de los femicidios se cometió en la vivienda de la víctima, del agresor o en la compartida de acuerdo a datos del Ministerio Público Fiscal que además señala que la casa, el espacio supuestamente seguro, es donde más mujeres son asesinadas.

En lo que va de 2026, el panorama no mejora. Según el Observatorio de las Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), desde el 1 de enero hasta principios de abril se contabilizan 73 femicidios en el país, una mujer asesinada por razones de género cada 29 horas. El informe también registra 26 intentos de femicidio y al menos 2 suicidios feminicidas, es decir, muertes de mujeres que se quitaron la vida tras antecedentes de violencia sistemática.

El femicidio de Silvina Drago es el primero del año en Santa Fe capital con esta modalidad. En 2025, Santa Fe fue la segunda provincia con más femicidios en términos absolutos, con 30 casos.

Un dato recurrente en todos los informes disponibles cuestiona la idea de que la violencia de género es un problema de sectores sin recursos o sin educación: no lo es. Los registros lo confirman sistemáticamente. La violencia de género no discrimina por nivel educativo, ocupación ni trayectoria. Silvina Drago era investigadora de primer nivel. Ese dato no la protegió.

En relación a los datos oficiales, el 90,3% de los femicidios son perpetrados por personas con vínculo preexistente con la víctima. Solo el 5,6% de los hechos son cometidos por personas desconocidas para la víctima. El peligro, en la abrumadora mayoría de los casos, tiene nombre y apellido conocidos.

En el caso de Silvina Drago, el fiscal a cargo de la investigación, Estanislao Giavedoni, indicó que la puerta estaba cerrada desde adentro con llave y que no se encontraron rastros de la participación de terceros. Están pendientes los resultados de las autopsias y la revisión de antecedentes de violencia de género.

Lo que los datos ya muestran es que la figura del femicidio seguido de suicidio no es excepcional. Es una modalidad documentada, con un peso estadístico propio, que expresa la dimensión más extrema de la violencia de género: el asesinato como acto final de dominio sobre la vida de una mujer.

(Fuente: Y de repente la noche)

 

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