José Luis Lanao
Un idiota es aquella persona que se desentiende de la política. No lo digo yo, lo dice la etimología de la palabra. Y la etimología no miente. No hay que tenerle miedo a las palabras, hay que tenerle miedo a los hechos. La palabra idiota viene del griego “idiotes”: persona que sólo se ocupa de lo suyo, que se desentiende de lo común, es decir de lo público, es decir, de lo que nos pertenece a todos. Hasta aquí, la etimología. Los griegos clásicos nos vinieron a decir que si dejas que la vida pública la hagan los “otros”, y dejas que te la hagan, lo harán los peores, los más ineptos, los más tránsfugas, los más sinvergüenzas. La hará Scioli. La hará Milei.
Cuando el transfuguismo se presenta como mero sentido común, el daño democrático ya no necesita justificarse por que se vuelve invisible. Es la forma más clásica y miserable de entreguismo anticipado: enmascarar una elección política ante una simple rendición ante los hechos. Una vez aceptada que la norma suspende la ideología, no hay punto claro donde detenerse, solo pendiente. Es cuando el mundo se vuelve más pequeño, menos humano.
Mientras le echamos palabras al desasosiego, el gobierno de Milei proyecta para 2026 una reducción interanual en el deporte del 66%, con una disminución del 78% en fondos para clubes de barrios. Desde 2009 el deporte amateur pasó de 60 millones de dólares a 14 millones en 2025. Con estos datos a Scioli habría que privatizarlo. Para una figura tan representativa del deporte argentino los números deberían ser demoledores y definitivos para dimitir de este Gobierno. Uno se pregunta si no hay algo patológico en este deseo irrefrenable, enfermizo, de la política fecal de aferrarse a un sillón sea como sea, venga de donde venga.
Si se observa la foto que encabeza esta nota se verá que Scioli saca la lengua. En realidad le está sacando la lengua al país. De ahí la creencia de que la cara es el espejo del alma. Rodeado de “tiburones”, esa lengua excitada pronostica un futuro prometedor. Nos viene a decir que “boludo” el último, y que aquí cada uno va por lo suyo. Caputo y Sturzenegger adiestrando al nuevo cachorro.
Por lo general, el robo a un banco se realiza con capucha y un arma auténtica o simulada en la mano; pero si se trata de atracar un país, con todo su dinero dentro, se hace a cara descubierta, bien afeitado, bien trajeado, y desde la última planta de una entidad financiera internacional. Hay países que se roban desde adentro, con ayuda desde afuera. Esto es de primero de carrera en FMI. Sobre el sufrimiento de millones de personas y su destrucción social se sostiene el bienestar de estos tres individuos. Sabemos que la capacidad humana por humanizarse es trastocada por intereses económicos que tienen a su servicio las mejores herramientas de persuasión. Pero la democracia no es solo el hecho que gobierne la mayoría después de hacer el recuento de votos, es el Estado social, el hecho de que quienes no poseen la riqueza cuenten en la vida publica y tengan el modo de hacerlo.
A Scioli le calza como un guante aquel chiste del político que vociferaba a las masas: “Somos nosotros o el caos”. De pronto, la gente se puso a gritar, “el caos, el caos”, a lo que el político respondió: “No se preocupen, también somos nosotros”.
(*) Periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79
Fuente: Página 12






