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El departamento Paraná reconoce a Florencio Aceñolaza como “puente”

Tirso Fiorotto

Un puente supera desconexiones, y la desconexión es norma entre los diversos saberes, entre los organismos de los estados, y entre la comunidad y el resto de la naturaleza. Por eso la vecindad del Gran Paraná resolvió construir un puente con intervención comunitaria y despertar con esa obra concreta y artesanal la ecología, las ciencias, la historia y la soberanía nacional, porque el puentecito peatonal unirá dos partes de una plaza llamada “2 de Abril”, como si ligara a las islas Soledad y Gran Malvina.

¿Por qué se llamará “Puente Aceñolaza”? Porque Florencio Gilberto Aceñolaza, con cuna en Villa Urquiza y amplio desarrollo científico principalmente desde Tucumán, como geólogo, paleontólogo y académico, simboliza con su vida y su obra, un puente.

El 30 de mayo se cumplirán dos años de su fallecimiento, y el departamento Paraná lo recordará en una obra con alto sentido ecológico emplazada en Colonia Avellaneda.

Investigador del Conicet, profesor universitario, escritor costumbrista, legislador nacional, promotor cultural, editor, defensor de la soberanía argentina en distintos planos, además de geólogo y paleontólogo; y sobre todo comprometido con su patria y con su pueblo natal, el doctor Florencio Gilberto Aceñolaza dejó un legado que alcanza mayor significación en la medida en que se conoce mejor su trayectoria.

Quienes han seguido sus aportes científicos en decenas de libros, papers, conferencias, textos legislativos y ensayos, y sus obras literarias de espíritu regional pueden valorar en Aceñolaza su aptitud natural para hacer de hermanador de las disciplinas; de puente entre los saberes y las regiones del mundo. Empezando por sus conocimientos en torno de la geología de Sudamérica y África, y en especial los puntos de contacto que mejor expresan la pertenencia de ambos territorios al antiguo continente Gondwana, sea en las piedras como en los fósiles.

Puente entre dos continentes, como puente entre regiones del país, dados sus estudios en la cordillera, en la Patagonia y en el litoral, en este caso incluso como editor de una voluminosa obra titulada “Temas de la biodiversidad del litoral fluvial argentino”, con la participación de un centenar de científicos.

Puente, también, entre las aulas, los laboratorios y el concepto de patria, como participante de los estudios de la Plataforma continental que llevaron a una ampliación del territorio argentino hace una década, y como defensor de las teorías geológicas y la historia política que demuestran la pertenencia de las Malvinas al continente y a la Argentina. Y puente, además, entre las ciencias y las realidades lugareñas, si ha dejado varios libros costumbristas sobre personajes, oficios y anecdotarios del departamento Paraná.

Un puente malvinero

Vecinos del departamento Paraná se propusieron tender un puente peatonal autoportante del estilo “da Vinci” (porque su diseño surgió del ingenio de Leonardo, precisamente), sobre un arroyito de la ciudad de Colonia Avellaneda, y llamarle “Puente Aceñolaza”.

Será en la plaza “2 de Abril”, que está dividida al medio por el arroyo Los Zorzales, y rodeada de calles con nombres alusivos a las Islas Malvinas. De esta manera el puente unirá, de modo simbólico, las islas entrañables, y el arroyito representará al estrecho San Carlos. 

“Creo que el cordón umbilical que me ató a mi madre también lo hizo con la Pachamama. Saber cómo es el planeta en el que vivo, conocer las etapas que hubieron de pasar para que podamos disfrutarlo, creo que han sido inquietudes que me vienen desde muy pequeño”, comenta el investigador en su obra “Pateando piedras” de 2022.

Aceñolaza vivió su infancia en Vila Urquiza, muy ligado a la cuenca del arroyo Las Conchas, y el reconocimiento viene de vecinas y vecinos integrados en el Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas, que forma parte de esa cuenca madre que da al Paraná. Entre las iniciativas del Comité destinadas a abonar la conciencia ecológica y el sentido de pertenencia, sobresale, pues, el Puente Aceñolaza. Y retomando del diseño trazado hace medio milenio por Da Vinci, quien supo diluir también las fronteras entre los saberes como pocos en toda la historia de la humanidad.

De la Villa a Paraná

“Nací el 23 de diciembre de 1941 y, según me contaron, ello ocurrió al mediodía de un caluroso día de verano… entonces Villa Urquiza era un pueblo de Entre Ríos con añoranzas de historia postergada”, dice Florencio Aceñolaza en “Pateando piedras”.

“Mi familia paterna y materna (Aceñolaza y Gastiazoro) venía del país Vasco, aunque mis abuelas tenían otro origen. Una provenía de Sarlat en la Francia meridional: Victoria Pechmajour, y la otra de la Alemania de Baja Sajonia: María Bellmann. Ambas formaron parte del grupo de familias fundadoras de Villa Urquiza que vino de allende los mares en la segunda mitad del siglo 19. Su principal actividad se vinculó con el trabajar la tierra de la incipiente colonia que creara el general Justo José de Urquiza. Luego, mientras los Aceñolaza ingresaron a la actividad del comercio, los Gastiazoro se mantuvieron atados a la actividad agropecuaria”.

Entonces Florencio se explaya acerca de su madre María Ana Gastiasoro y su padre Dardo Florencio Aceñolaza que nació el 14 de abril de 1908, es decir: se cumplen 118 años. Y hace referencia a la estancia Santa María de propiedad de su abuelo que se ubicaba unos 5 km al sur de Villa Urquiza, a la vera del bañado del Arroyo Las Conchas. “Desde niño, y hasta su muerte en 1987, mi padre habitó las espaciosas habitaciones de la casa Aceñolaza (hoy Museo regional de Villa Urquiza)”. Después cuenta su vida en la ciudad de Paraná como estudiante del Colegio Nacional y de la Escuela Normal José María Torres, en donde fue compañero del “Colorado” de Bold (Adolfo J. De Bold), que estudió bioquímica en la universidad de Córdoba y se fue a vivir a Canadá en donde desarrolló una actividad sobresaliente, al punto que fue propuesto al Premio Nobel por sus aportes a la ciencia.

La vocación desde niño

¿Cómo empezó su gusto por la geología y la paleontología? Relata Florencio Aceñolaza que de gurisito asistió a una escuela católica y en algún punto las enseñanzas discrepaban con lo que leía en los libros y lo que veía en sus incursiones en las barrancas junto a sus amigos en busca de troncos petrificados y huesos.

Apunta por caso la vez que llevó al aula el libro “Tesoro de la Juventud” y le dijo a su maestra: “hermana, en este libro se dice que nuestro planeta es mucho más antiguo y que hubo animales que se extinguieron”. Entonces escribe: “Recuerdo que fue casi una tromba, me lo quitó de las manos diciéndome que lo que ahí estaba escrito era una basura, me lo secuestró. Nunca supe si fue para informarse o para evitar que ese texto ‘ateo y subversivo’ que me había contaminado enferme al resto de la clase”.

Entre las muchas referencias a su paso por La Rioja, Córdoba, Jujuy, Salta, Catamarca, varias provincias de la Patagonia y Cuyo; su larga estada en Tucumán, sus diversos estudios en el país y el mundo, recuerda Florencio la felicidad que sintió cuando le llegó la aceptación de una investigación para ingresar en el Conicet (del que luego sería presidente a propuesta del entrerriano Domingo Liotta), mediante una carta que le enviaron firmada por Bernardo Houssay, el Premio Nobel.

Largo sería enumerar los aportes de Aceñolaza, pero en este caso vale señalar una tendencia del entrerriano a acercar la ciencia al pueblo. Imperdibles, por ejemplo, los comentarios de algunas excursiones primeras, de su juventud, en la Sierra de Cajas, en Jujuy. “Todo había que hacerlo ‘a pulmón’, caminando desde los 3.500 metros del campamento hasta los 5.200 de la cumbre de Aguilar. Muy pocas veces pude disponer de una mula mañera que, cuando se me escapaba, me quedaba de a pie y cuando la montaba seguía el rumbo que más se le antojaba. Unas veces caminaba al borde de precipicios y otras por el pedregoso río Padrioc. Cargar pesados instrumentos de medición, caminar mucho y comer poco era parte de la tarea cotidiana. En esa época no existían las fotografías aéreas de la zona, ni tampoco las imágenes satelitales que ayudaran a marcar los límites de las formaciones geológicas. Todo había que hacerlo paso a paso, quebrada por quebrada y cumbre por cumbre”.

Las anécdotas de Florencio están mechadas de alusiones a eminentes investigadores de las ciencias geológicas y a algunos desconocidos, para nosotros, que marcaron la vida y la profesión de muchos estudiantes. Y referencias a notables de la ciencia y la soberanía como Mosconi y Sobral, a quienes admiraba.

Trilobites, moluscos, amonnites; los fósiles y los estratos geológicos que le generaban incógnitas en su niñez fueron el tema central de sus investigaciones juveniles, y jalonaron toda su vida dedicada a conocer las eras geológicas aquí y en el resto del mundo. Pero Florencio no se quedaba en descripciones de tipo científico. “Era una de esas noches oscuras que presentaba al cielo tachonado de estrellas. La Vía Láctea proyectaba sobre el campo una luz tenue que permitía ver, hacia ambos lados, el perfil serrano y en el medio del campo las sombras de los matorrales de jarillas y de los algarrobos. La mula con paso rápido y seguro avanzaba por una senda que no me interesaba ver puesto que el espectáculo del cielo era el que verdaderamente concitaba mi atención. Así, mirando hacia arriba marchaba oyendo solamente la respiración del animal y el golpeteo de las ramas de jarilla sobre el guardamonte”.

Y bien: esa prosa poética concluye en que la mula lo azotó contra un algarrobo y se escapó, porque entre las experiencias del científico no falta el humor.

Todo el orbe

Sus viajes le llevaron a conocer riquezas naturales de la Cordillera, sus comunidades, su flora y su fauna. Y así recuerda en distintas obras sus incursiones en todas las regiones de la Argentina; en Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Estados Unidos; y en Brasil, principalmente, en busca de testimonios sobre la relación del sur de nuestro Continente con África. Sus contactos de la universidad con colegas alemanes y con distintas universidades del mundo lo llevaron a recorrer diversos países de Europa, principalmente con fines de investigación geológica y paleontológica, como España, Francia, Portugal, Inglaterra, Alemania, Bulgaria, República Checa, y más allá a Turquía, Kazajstán, Uzbekistán, Rusia, China, y con gran detenimiento en el norte de África, en Marruecos, Túnez, además de Namibia y Sudáfrica, donde pudo entrevistarse con Nelson Mandela.

Sobre la Soberanía

Florencio Aceñolaza tuvo notable actuación en las gestiones para crear la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (Copla), con influencia sobre la soberanía argentina en el Atlántico Sur. 

“Desde la década de 1980 las Naciones Unidas pusieron en marcha un programa para que los países con frente marítimo determinen, a la luz de la Convención de los Derechos del Mar, cuál es su límite en el mismo…. Fue conveniente que nuestro país discutiera con los británicos el tema de nuestros reclamos sobre las Islas Malvinas. Pasada la guerra de 1982 y con la reanudación de las relaciones diplomáticas con el Reino de Inglaterra, a partir del gobierno del presidente Raúl Alfonsín hubo acuerdos para que ambos países se reunieran para encontrar una salida a la disputa de soberanía”, apunta.

“Esto llevó a la realización de reuniones entre parlamentarios argentinos e ingleses para debatir las cuestiones. Unas fueron en Argentina y otras en Gran Bretaña. Ante esta situación una delegación del congreso fue a Londres a una reunión en la que estuvieron presentes británicos y un grupo de integrantes del gobierno de las Islas Malvinas. Entre los argumentos de los británicos también entraron algunos de parte de los isleños donde se marcaba la inconexión geológica de las Islas con el continente americano. En el debate intervine no solo como miembro parlamentario sino también como geólogo conocedor de la realidad que ellos trataban de distorsionar con teorías falsas. Luego de la exposición reclamé debatir esta cuestión, pero hubo silencio del grupo inglés donde también participaban colegas geólogos ingleses y que sabían de esta falsía. Pasó lo mismo cuando se plantaron temas historiográficos y jurídicos que se pusieron sobre la mesa por otros integrantes de la delegación argentina. Naturalmente la reunión cerró con las posturas contrapuestas de parte de ambas delegaciones”.

Aceñolaza divulgó también preacuerdos que daban una salida extraordinaria a la disputa por las Malvinas. En particular, se refirió a “una propuesta que hizo Gran Bretaña durante el último gobierno de Perón, de pasar treinta años con dos banderas. Luego murió Perón, vino la recuperación y no nos retiramos a tiempo, quizá, ese es un tema para analizar. En una reunión que mantuvimos con los británicos en Inglaterra, cuando era legislador, nos dijeron que, para ellos, lo que se conquista en guerra no se cede”.

Sobre la plataforma y los trabajos realizados para ampliar el territorio argentino, recuerda que en 1994 se renovaron las autoridades de la Cámara de Diputados, y pasó a presidir la Comisión de Relaciones Exteriores. “En mi responsabilidad quedaron varios temas referidos a la situación de Malvinas, la Plataforma marítima y otras discusiones relacionados con los reclamos de soberanía, y otros vinculados a su entorno marítimo. Si bien en muchos casos se referían a la cuestión política relacionados con el Reino Unido también hubo otros vinculados con las características de la plataforma continental que se relacionaban con la temática geológica que profesionalmente conocía. Entonces por motivos variados se acercó a la Comisión el Capitán de Navío Javier Valladares quien a la vez de su profesión militar tenía formación universitaria en Oceanografía. Javier cumplía funciones en el Servicio de Hidrografía Naval y obviamente tenía vocación científica en ese campo. Esto me ayudó a establecer un vínculo más cercano con diversos sectores con la Marina nacional”.

Las gestiones y las investigaciones referidas la plataforma submarina y los logros para ampliar el territorio están sintetizados en su libro “La geología como construcción de soberanía”.

Este artículo apenas dibuja aspectos de la profusa obra de Aceñolaza. Su humor, sus cuentos del pago, sus libros de geología que siguen los estudiantes en las universidades, sus esfuerzos para cumplir con la edición de obras y colaborar así con investigadores diversos, su función de hermanador, abonan la idea de la vecindad del Gran Paraná de dedicar, al símbolo del puente, precisamente, un puente.

La iniciativa cuenta con el apoyo de autoridades municipales para la base, y requiere de diversos aportes para su concreción. 

Fuente: Uno Entre Ríos 

 

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