La Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) de la República Argentina lanzó una alerta nacional por el robo de una cápsula radiactiva que se registró en la ciudad de Rosario. Se trata de una fuente de calibración de cesio-137 que es empleada para la verificación de equipamiento de medicina nuclear.
Según pudo confirmar Infobae, la denuncia se realizó en la tarde de este martes después de que detectaron la faltante del compuesto que estaba alojado en un recipiente cilíndrico de plomo de entre dos y tres centímetros de espesor, que tenía un tamaño de 12 cm de alto y 10 de ancho. Justamente, esto es para aislar la radioactividad del resto de los objetos e incluso evitar problemas en seres humanos.
En ese marco, el denunciante aclaró que la fuente de calibración fue utilizada por última vez el viernes 12 de junio de 2026, y quedó guardada en el laboratorio sobre una mesada, dentro de una caja de plomo de aproximadamente dos centímetros de espesor con tapa de apertura hacia arriba, sin llave de seguridad. El elemento había sido adquirido por el instituto el 21 de junio de 2007.
De acuerdo a lo que señalaron fuentes policiales, el acceso al laboratorio estaba restringido a cuatro personas: los técnicos radiólogos en medicina nuclear y dos médicos identificados, quienes ingresan de forma excepcional para labrar informes y no manipulan el material radiactivo.
En tanto, en la denuncia se remarcó que no está claro cuál de los dos técnicos fue quien manipuló la cápsula en el último uso registrado. Cada operación queda asentada en un libro de actas donde se llevan los registros de mediciones que la ARN verifica periódicamente.
El organismo fue notificado el mismo 16 de junio por el usuario autorizado para el uso del material radiactivo, y de inmediato activó un protocolo nacional que involucra a todas las instituciones contempladas en ese procedimiento.
De acuerdo a lo que explicó el ente nacional, el cesio-137 sustraído en Rosario es una fuente de calibración en forma de gel, contenida en un envase plástico transparente, que se encontraba dentro de su blindaje de plomo al momento de la desaparición. La ARN precisó que, si bien el riesgo radiológico es muy bajo, cualquier persona que encuentre el objeto no debe tocarlo ni manipularlo bajo ninguna circunstancia, y debe comunicarse de inmediato con el organismo a través de los canales oficiales.
Qué es el cesio-137 y por qué requiere control estricto
El cesio-137 es un isótopo radiactivo artificial que se genera como subproducto de la fisión nuclear en reactores y armas nucleares. Emite radiación gamma, de alta capacidad de penetración, y tiene una vida media de aproximadamente 30 años, lo que implica que puede permanecer activo y peligroso durante décadas.
Por sus propiedades, se emplea en medicina —especialmente en radioterapia y calibración de equipos— y en aplicaciones industriales de medición. Su transporte y almacenamiento exigen contenedores blindados con plomo u otros materiales capaces de bloquear la radiación. Si el encapsulado permanece intacto, el riesgo es mínimo; no obstante, la apertura del dispositivo o una manipulación inadecuada puede generar exposiciones de consecuencias graves para la salud.
Los protocolos internacionales establecen que toda pérdida, robo o desaparición de una fuente radiactiva debe ser comunicada de forma inmediata a las autoridades competentes, precisamente por la cadena de riesgos que puede desencadenarse si el material cae en manos de personas sin formación técnica.
El antecedente de Goiânia y la serie de Netflix
El caso remite de manera directa al desastre ocurrido en septiembre de 1987 en Goiânia, Brasil, considerado uno de los accidentes radiológicos más graves registrados fuera de una instalación nuclear. El Instituto Goiano de Radioterapia (IGR) había dejado abandonado, sin custodia ni señalización, un equipo de teleterapia que contenía 19,26 gramos de cesio-137 cuando se mudó de sede en 1985. Dos años después, dos jóvenes chatarreros desmontaron el aparato en busca de materiales reciclables y liberaron el contenido de la cápsula blindada.
Al perforar el dispositivo, observaron un polvo de resplandor azul intenso —producto de la fluorescencia del cesio-137 expuesto a la atmósfera— que circuló entre vecinos, familiares y curiosos durante días. La cadena de exposición dejó cuatro muertos, cientos de personas contaminadas y más de 112.000 sometidas a controles sanitarios.
La demora en identificar la causa real de los síntomas —confundidos inicialmente con intoxicaciones alimentarias— agravó la magnitud del desastre. Solo cuando una de las afectadas llevó el material a la Vigilancia Sanitaria y declaró “esto está matando a mi familia” se activaron las alarmas, el 29 de septiembre de ese año.
Casi cuatro décadas después, el episodio fue retratado en una producción de Netflix que volvió a instalar el caso en la conversación pública como advertencia sobre los riesgos de la radiación y las consecuencias de los fallos en los sistemas de control de materiales radiactivos.





