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“Era una película de terror”: la exempleada de Airaldi relató episodios de control, droga y violencia

La jornada del juicio por narcotráfico contra Leonardo Airaldi y otras ocho personas comenzó con la declaración de una imputada: Soledad Touzet, quien está acusada de participar en las actividades delictivas de quien era su jefe en las empresas agropecuarias. Se trató de una de las declaraciones más impactantes que se hayan escuchado en el Tribunal Oral Federal de Paraná, donde la mujer relató con detalles, en medio de una interminable crisis de angustia y llantos, el infierno que fue trabajar con el productor agropecuario de Diamante: su violencia, manipulación, amenazas y el sometimiento a una denigración humana, valiéndose de las necesidades que ella y otros empleados estaban atravesando. Además, narró situaciones que confirman gran parte de las pruebas que tiene la Fiscalía contra Airaldi: los movimientos de droga en la ciudad, la compra de combustible para las avionetas que aterrizaban en sus campos, el armamento que disponía y los vínculos con rosarinos mafiosos.

Soledad era una mujer policía, pero vulnerable pese al uniforme y al arma reglamentaria: madre soltera que no podía criar a su hija con el ritmo, horarios y exigencias de la fuerza de seguridad. Decidió pedir licencia y en medio de las penurias económicas en el año 2021 se cruzó, una noche, a Leonardo Airaldi en la plaza 9 de Julio de la ciudad de Diamante. En encuentro extraño entre la mujer y el terrateniente que le ofreció trabajo. Parecía un milagro caído del cielo: le ofrecía realizar tareas administrativas para sus empresas agropecuarias, un sueldo y podía pasar la tarde y dormir con su hija pequeña. Cuando debía volver a trabajar a la Policía, Arialdi le pidió quedarse y le prometió horarios accesibles y una obra social. Entonces, pidió la baja como agente. Unos meses después, el jefe se convirtió en patrón, como la obligaba a llamarlo.

Sus tareas reales iban mucho más allá de lo administrativo: pagaba servicios de la casa, organizaba compras de alimentos para el campo, la isla y la familia, coordinaba con los trabajadores rurales, tramitaba seguros de vehículos y de empleados, y colaboraba incluso con el cuidado de los mellizos de Airaldi cuando faltaban niñeras.

Dos o tres meses antes de la detención de Airaldi en Rosario, por tenencia de armas y droga, su conducta era diferente, ya no era ese jefe amable ni “encantador”: “Cambió muchísimo. Era otra persona. Se volvió agresivo. No sé lo que le pasó. No eran pedidos, eran órdenes. Y lo que él siempre decía: ‘Están en mi vereda o están en la vereda de enfrente’”, recordó Touzet.

Luego, narró los episodios de amenazas que le quedaron grabados en la memoria: “Te voy a arrancar la cabeza de un tiro, te voy a pegar un tiro entre ojo y ojo”, le dijo a su pareja y madre de sus hijos. A los empleados les decía: “A los que me fallan les pica la yarará”; “Te vas a dar cuenta de quién soy, vas a aprender lo que está bien y lo que está mal”, decía en mensajes intimidatorios a la expareja de Soledad cuando ella dejó de responderle.

Además, trató a otra empleada de “negra de mierda”. A Soledad la llamaba “pelotuda”, entre otros insultos irreproducibles, y le decía “que tenía cabeza de basura”, amenazando con que iba a quedar sin trabajo y sin poder alimentar a su hija. También amenazó a la empleada doméstica con “rajarle un tiro en la cabeza o en la rodilla”, y a Armando Balcaza, su mano derecha durante más de 13 años, lo trató de “esclavo de mierda”.

También recuerda que Gisel Kranevitter, ex de Arialdi, le contó que el hombre anduvo a los tiros con un arma amenazando a menores en el barrio La Merced de Diamante. Airaldi portaba siempre una pistola 9 milímetros, que colocaba sobre el escritorio antes de sentarse. Decía hacerlo por su condición de persona de recursos y que le podían robar.

Mientras la mujer hablaba sin parar de llorar, no volaba una mosca dentro del salón de audiencias del Tribunal de calle Urquiza. Todos escuchaban con atención y nudos en la garganta. Entre el público se encontraban tanto la madre de Airaldi, Mirta Balbi, como la novia, Jimena Burne, quien estaba imputada, pero acordó una probation. La madre, por momentos, asentía con la cabeza en gestos de lamento. La novia, a veces, se reía en forma burlona. En un momento, Mirta se dio vuelta, se llevó el índice a los labios y le dijo a la chica: “Shh, está diciendo la verdad”.

“Era una película de terror. Yo nunca había sufrido todo lo que sufría ahí”, afirmó.

Drogas y combustible para avionetas

Soledad también describió hechos concretos sobre actividades relacionadas con el tráfico de drogas. Por ejemplo, cuando Airaldi la enviaba a entregar paquetes sellados con cinta al bar Mandela, destinados a “Jupu” Erbes. Los paquetes eran cajas de medicamento de gotas nasales, envueltas en cinta transparente para que no las abriera. Esto ocurrió al menos dos veces.

Además, Estando Airaldi preso en el penal de Piñero en Rosario, le ordenó a Soledad que fuera al garage y retirara una bolsa (que describió como un paquetito de aproximadamente 1 o 2 kilos) y se la llevara a Erbes, quien sabría cómo proceder y le daría dinero. Airaldi le dijo explícitamente: “¿A vos te gusta cobrar plata? Con eso se pagan los sueldos porque yo estoy preso”.

“Yo ya sabía que era droga. No lo vi, señora, pero yo ya sabía”, le dijo la mujer a la presidenta del Tribunal, Noemí Berros.

Además, Soledad contó que descubrió marihuana en la casa durante la limpieza previa al tratamiento de rehabilitación que durante unos meses hizo Airaldi en el Sanatorio Adventista del Plata, y que Armando Balcaza también encontró sustancias en el campo (presumiblemente cocaína y marihuana).

Uno de los momentos en que más se sintió que Soledad hundió a Airaldi hasta la cabeza, fue cuando recordó que el patrón le ordenó que buscara en Google el número de una estación de servicio llamada “Aero Gálvez”, que llamara por teléfono y consultara el precio del combustible para avionetas (Avinet) y la disponibilidad de litros. Soledad cumplió el encargo y luego le envió un mensaje a Airaldi preguntándole: “¿Compro el combustible para la avioneta?”. En la transcripción de esta conversación en el expediente, Airaldi le respondió “borrá eso”. Soledad agregó en su declaración que el hombre fue a la oficina furioso y le dijo: “Un error más de esto y te vuelo la cabeza de un tiro”.

Días después, Armando Balcaza le explicó el contexto: “Sole ¿vos nunca fuiste al campo? ¿Para qué quiere una avioneta Leo?”. “No sé”, respondió. “Leonardo no siembra, no fumiga. Dos más dos son cuatro. Pensala”. “Ahí entendí todo”, dijo la mujer. Entendió que las avionetas eran utilizadas para el transporte de drogas hacia o desde el campo y cuál había sido el “error” que le marcó el patrón.

Rosarinos

Touzet relató que personas de Rosario frecuentaban el entorno de Airaldi de forma recurrente y sospechosa: “Balcaza mencionaba frecuentemente ‘los rosarinos que iban al campo’, que llegaban y se alojaban en la cabaña Puerto de las Cuevas”, propiedad de Airaldi cuyo alquiler, dijo, explota Burne. Airaldi cancelaba reservas pagas de turistas a último momento para que los rosarinos se quedaran en la cabaña, sin importarle los compromisos contraídos.

Una noche, a las 2330, Soledad recibió una llamada de un número desconocido que decía: “Decile a tu patrón que devuelva la camioneta porque le vamos a rajar un tiro a la mujer, a vos, que trabajás en Belgrano y Mitre, a los mellis, a él y a todos los que estén alrededor”.

La camioneta era una Hummer con la que Airaldi llegó poco después de ser liberado en la cárcel de Piñero, y que fue escondida en el monte del campo cuando los rosarinos fueron a buscarla. Una tarde, el patrón fue a la casa de Soledad para mostrársela y luego circular mostrándola por la ciudad.

Un tal “Javi” (de Rosario, posiblemente Javier Fernández), que Airaldi conocía, visitaba a Airaldi en el penal y le llevaba ropa, zapatillas y un iPhone 14 verde. Fue el mismo Javi quien le trajo ese teléfono de última generación a Soledad en Diamante. Balcaza le informó que Javi también había estado preso.

Durante esos casi dos meses de detención en Rosario, Airaldi llamaba desde números desconocidos que cambiaba constantemente, dos, tres o cuatro veces al día, recordó Soledad. Daba órdenes sobre compra de comida, colchón, mercadería, ropa interior, hasta pintura para el pabellón. Dijo que Erbes y Balcaza le llevaban milanesas, pollo y asado al penal de Piñero. Vivía como en su casa dentro del pabellón y seguía controlando el cobro de alquileres, saldos de empleados, y la logística del campo desde la celda.

Miedo y medidas de protección

Todo esto que vivió en el entorno de Airaldi, le causó enormes daños. Soledad detalló que sufrió episodios de hipertensión severa, que está bajo tratamiento psiquiátrico hace más de dos años, con medicación, que dejó la Policía y quedó sin trabajo estable desde entonces, que vive sola con su hija menor sin ingresos propios.

La mujer contó que cuando se enteró “lo de Candioti”, por el presunto plan criminal de Airaldi para mandar a matar con un sicario uruguayo al fiscal general José Ignacio Candioti, al juez federal Leandro Ríos y al ministro de Seguridad y Justicia de Entre Ríos, Néstor Roncaglia, su habitual temor se multiplicó. No obstante, reunió fuerzas para sentarse ante el Tribunal y declarar durante dos horas.

“Usted no sabe el coraje que yo tuve que agarrar para venir acá y decir lo que estoy diciendo. Yo estoy medicada y estuve un montón de tiempo sin dormir. Es más, ahora tomé pastillas para venir acá porque estaba descompuesta. Pero yo no puedo dejar que un Airaldi sigua afuera haciendo daño. Yo no quiero ni que a mí me haga daño, ni a otra mujer, ni a mi hija. Yo no quiero más tipo así en la calle. Él no puede estar en la calle”. Y más adelante concluyó: “Tengo mucho miedo. No suelten a ese animal”.

El abogado defensor, Nelson Schlotauer, pidió medidas de protección para Soledad Cáceres, debido a lo que acababa de narrar y el temor que sentía. Tanto el fiscal general Candioti como el representante de la PROCUNAR, Diego Iglesias, consintieron la solicitud. El Tribunal dispuso que le otorguen el botón antipático y además que el ministro de Seguridad de la provincia Roncaglia sea informado y tome medidas al respecto.

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