Escuelas como bastiones para sobrevivir a la pobreza
En los últimos años, se profundizó la ausencia del Estado en diversas áreas y las escuelas de Entre Ríos reciben alumnos atravesados por la miseria, el empleo informal y la falta de un plato de comida todos los días. Los docentes, con salarios que no alcanzan para la subsistencia diaria, se ven atravesados por historias de vida que duelen. En ese contexto, los lazos comunitarios intentan ganar una batalla desigual contra la desesperanza y el hambre.
Por Ayelén Waigandt
“Profes, este es un llamado a la solidaridad, tenemos una estudiante que está pasando una situación muy delicada, no se ha alimentado por días y hoy se descompuso en la escuela. En este momento la están llevando al hospital. Les solicito que puedan colaborar con algún alimento, y armamos una caja de comestibles para que pueda llevar a su casa lo más pronto posible. Son tiempos muy duros, necesitamos de todos y la escuela en este momento es lo único que tiene”.
“En Concordia se ve a muchos pibes escolarizados comiendo de la basura. Pibes y pibas de 14, 15 años metidos en contenedores. Hoy vi a una nena de 16 años de mi escuela que se metió al contenedor a buscar comida, y otro profesor vio a un alumno suyo comiendo fideos de un contenedor, así que fue a la panadería y le compró para comer. Es tremendo lo que pasa, terrible la cantidad de alumnos en escuelas con desnutrición. Lo que llama más la atención es que chicos escolarizados estén comiendo de la basura...”
Estos son algunos de los mensajes que se están replicando en los últimos meses entre los docentes y profesores de las escuelas entrerrianas. El primer caso ocurrió en Paraná en una escuela de jóvenes y adultos que funciona en el turno nocturno y en la zona céntrica de la capital provincial; el otro mensaje cuenta lo que ocurre en Concordia, la ciudad más pobre del país desde hace muchos años, según datos oficiales del INDEC.
Situaciones que golpean, que generan rabia por lo injusto, pero que muestran también que en estos tiempos hostiles y de crisis generalizada, lo que sostiene es la solidaridad; que, ante la ausencia del Estado, los lazos de la comunidad son vitales para articular ayuda y crear condiciones para que la vida de personas vulneradas pueda tener algún sentido. Y esos lazos los construyen los de abajo, los laburantes de las escuelas que también están golpeados por una economía que los excluye cada día más.
El pasado abril, el programa Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral) mostró testimonios de la lucha diaria en Escuelas de Jóvenes y Adultos (ESJA) para sobrevivir a esta cruda realidad y tapar los baches que deja el Estado en el sistema educativo.
Entre Ríos tiene 287 instituciones de jóvenes y adultos: 89 escuelas secundarias con 5 anexos; 45 escuelas primarias con 37 anexos y 98 centros educativos con 13 anexos. Todas ellas en una modalidad que ha sido históricamente relegada y que hoy se ha vuelto fundamental, no sólo por la oportunidad de terminar los estudios y por lo que se puede aprender, sino porque son el lugar donde se puede comer y sentirse contenido.
En un contexto de pérdida de trabajo y salarios que no alcanzan para la subsistencia diaria, las escuelas reciben a jóvenes y adultos atravesados por la miseria, el empleo informal, la falta de un plato de comida todos los días, y la necesidad de “sobrevivir”. Y los docentes lidian con historias de vida como las de alumnos que intercambian la ropa con sus hermanos para poder ir a la escuela, o jóvenes que se desmayan en plena clase porque hace días que no comen bien. Y también escuelas, como la “Lomas del Mirador” de Paraná, que hace 10 años espera la habilitación para que el comedor pueda funcionar y mientras tanto la pilotean con ayuda de la comunidad para brindar un alimento, aunque sea mínimo.
Maximiliano Elberg es preceptor y docente de varias ESJA de Paraná, y en su análisis para Cuestión de Fondo planteó que “hay que arrancar por el contexto. Muchos dicen que las escuelas están generando situaciones de violencia o que son violentas, cuando en realidad lo que tenemos es un contexto absolutamente violento desde lo económico y lo político, que impacta en lo social y en la familia. Y la gente que tenemos a la noche, los estudiantes –a diferencia de otros turnos- lo que tienen es muchas responsabilidades. Entonces, afecta la caída del empleo, de la changa, de la construcción, del consumo. Todo eso impacta de lleno en las escuelas. Y nuestros estudiantes vienen muy afectados. Lo vemos mucho en las madres y en los chicos”.
“Lo que está faltando también es una idea de tener un proyecto. Porque muchas veces te dicen,¿y con el título qué hago? Porque no pueden proyectar, no pueden ver hacia el futuro. Ni proyectar a un año o dos. Por eso lo que hemos decidido en muchas escuelas es empezar a fortalecer el vínculo. El público de la noche es muy afectivo, hace falta trabajar los vínculos a través de distintas actividades a las que ellos ya no tienen acceso, como practicar un deporte, hacer una chocolatada, festejar el 25 de Mayo con un locro,celebrar cumpleaños, cosas que los vinculen y los empiecen a identificar con la escuela. Y esa ha sido una buena herramienta para mantener, sostener y sobre todo contenerlos, que es lo más duro. Más allá de lo pedagógico, tratar que la escuela sea una red de contención para este alumnado”, explicó.
A su diagnóstico del contexto, Elberg ahondó: “En este momento, en semejante crisis que han generado, porque es una decisión abiertamente política la que generó esto, y cuando vos salís con un discurso de que vas a destruir el Estado, no tenés alternativa. El Estado es la escuela secundaria, el Estado es el centro de salud. Imaginemos a estos chicos que tenemos a la noche, imaginemos a estas madres queahora se quedan sin el Plan Remediar. Ese es el alumno que te llega a la noche, con todo ese estrés que pasó en el día. Y también faltan a clases porque al estar en la informalidad, la mayoría termina agarrando una changa, cuidando a una persona, limpiando algún lugar, cocinando lo que sea, para poder sobrevivir, que es un poco a lo que están apuntando todos”.
-No es que el estudiante no va a la escuela porque no quiere ir, como se está planteando ahora...
- No, en absoluto. Diría que es fluctuante y en algunos casos se incrementa.Justamente un compañero me planteaba, ¿sabés por qué no pasan cosas en las escuelas nocturnas? ¿y por qué vienen, nos apoyan, están en el curso y podemos generar estas actividades? porque el estudiante todavía ve a la escuela como un territorio de paz. Es decir, salen agobiados de todo lo que están viviendo en su familia, en los laburitos que encuentran,en los trabajos que tienen y que no les alcanza el sueldo cuando son asalariados, y encuentran que la escuela todavía es un territorio de paz. Y el docente en eso es muy importante, y es necesario que las autoridades de la institución y los asesores pedagógicos apoyen esto, porque hoy hay que trabajar muy fuerte en la contención emocional. También tener una merienda es fundamental, porque ayuda a que puedan permanecer y desarrollarse, que puedan aprender.
- ¿Esto de la alimentación en la escuela es uno de los factores que hacen que el estudiante siga estando, porque va en búsqueda de la poca comida que se le puede dar?
- Absolutamente, es directamente proporcional. Hoy necesitás tener un alimento, creo que hoy no hay rector o rectora que no haya gestionado una merienda, aunque sea algo para darles. Y habitualmente estamos haciendo actividades, nos juntamos y hacemos tortas fritas, pizzas, un locro, porque notamos que el alimento pasó a ser algo vital. Y detectamos algunos estudiantes, de distintas edades, que se abalanzan, que se tiran arriba de la comida. Porque el alimento se volvió algo escaso, extremadamente costoso y son 3 o 4 horas que ellos tienen que estar en la escuela y se les hace complicado. Más si vienen sin un buen desayuno, un buen almuerzo, no pueden merendar y tienen que llegar a la escuela, o a veces se van del laburo directamente, dejaron a los hijos y llegaron a la escuela, y algo hay que tener. Es muy importante.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1170, del día 21 de mayo de 2026)






