Tango, folklore y malambo para encontrarse bailando
Por G. G. d. R.
Desde hace casi dos décadas, los talleres gratuitos de tango, folklore y malambo femenino coordinados por Juan Carlos “Tati” Colombo se sostienen en Paraná como espacios de formación artística e integración. Son propuestas de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) abiertas a toda la comunidad.
Más de 180 participantes asisten cada semana a La Vieja Usina, que se llena de música, mates, conversaciones y pasos de baile alrededor de una experiencia compartida. Lo que sucede en esos encuentros excede la enseñanza técnica de una danza.
Con el paso de los años, las clases se transformaron en ámbitos de pertenencia y socialización donde conviven estudiantes, trabajadores, jubilados, aficionados y personas que llegan por primera vez con la intención —o simplemente la curiosidad— de animarse a bailar.
Al frente de los talleres está “Tati” Colombo, referente de la danza popular en la capital provincial, quien desde 2008 impulsa estas enseñanzas. La primera propuesta que comenzó a funcionar fue la de tango; tres años después se incorporó el taller de folklore y, en 2013, nació el grupo de bombo y malambo femenino. La continuidad de la tarea permitió consolidar una comunidad estable, que hoy reúne a unas 80 personas en tango, entre 90 y 100 en folklore y alrededor de 17 integrantes en malambo.
“La idea es que cualquiera pueda acercarse. Se empieza por lo básico y de a poco el cuerpo va incorporando los movimientos”, explicó Colombo a ANÁLISIS.
La propuesta no requiere conocimientos previos ni tiene límites de edad. El objetivo es generar un espacio accesible donde el aprendizaje surja desde la práctica en conjunto.
En tango conviven personas de distintas generaciones, desde jóvenes hasta adultos mayores de más de 80 años. En folklore, en cambio, se observa una fuerte presencia juvenil, especialmente de personas de entre 20 y 35 años.
Para Colombo, el crecimiento que tuvieron las danzas folclóricas entre las nuevas generaciones responde a una necesidad que comenzó a hacerse más visible en el último tiempo. “Desde el año pasado se nota mucho que los jóvenes buscan desenchufarse de lo cotidiano. Llega la tardecita y se van a bailar folklore, empiezan a relacionarse, a compartir y después siguen yendo a las peñas”, comentó.
El fenómeno no ocurre solamente dentro de la universidad. En Paraná y otras ciudades de la región, las peñas folklóricas atraviesan desde hace algunos años un proceso de revitalización que volvió a colocar a las danzas tradicionales en el centro de eventos sociales. Guitarreadas, festivales y talleres reúnen a jóvenes, que encuentran en el folklore un modo de reconectar con las tradiciones.
En ese contexto, los talleres de Uader funcionan como una puerta de entrada para quienes desean iniciarse en la danza popular. Muchas personas llegan sin experiencia previa y terminan integrándose a presentaciones públicas o celebraciones patrias.
“Hay mucha gente joven que empieza de cero. Que no tengan miedo”, animó Colombo. “Si tienen esa materia pendiente, que se acerquen. Van a estar cómodos, bien recibidos y van a descubrir un ambiente muy lindo. Cuando empiezan a compartir aparecen espacios que jamás imaginaron”, destacó.
Más allá de lo artístico, el docente remarcó el valor humano y emocional que adquieren estos encuentros en tiempos atravesados por la virtualidad y los ritmos acelerados. “La danza es lo más lindo que hay, te desenchufa. Hay que animarse y tener ganas de compartir”, afirmó. Y agregó: “Cuando estás en ese ambiente se siente otra cosa. Es una familia”.
La práctica de las danzas populares también es considerada saludable. Sin embargo, para muchos participantes, el aspecto más importante sigue siendo el sentido social —e incluso terapéutico— que se construye en cada ensayo.
Uno de los talleres que más creció en los últimos años fue el de malambo femenino, una disciplina históricamente asociada al universo masculino y que hoy encuentra nuevas formas de desarrollo en distintos puntos del país. En Paraná, el taller impulsado por Colombo surgió casi de manera espontánea, a partir del entusiasmo de un pequeño grupo de alumnas.
“Cuando empecé con folklore había unas chicas que venían de la danza española y me entusiasmaron mucho con esto. Comenzamos a ensayar y salió algo muy lindo”, recordó el docente.
Actualmente, el malambo femenino forma parte de distintas presentaciones culturales y se integra también al ballet estable Río Vivo, creado hace tres años y conformado por integrantes de los talleres.
Además de las clases semanales, los grupos participan activamente de actos patrios, festivales y celebraciones populares. Uno de los momentos más convocantes del año es el Gran Pericón Nacional, que se realiza cada 9 de Julio.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1170, del día 21 de mayo de 2026)






