Vidas y obras

Los mundos con Juanele

Edición
1170

El 11 de junio es el Día de la Poesía entrerriana por el simple y sencillo hecho de que se recuerda el nacimiento de Juan Laurentino Ortiz (Juanele para todos). El próximo mes se cumplirán 130 años de ese día, del inicio del poeta mítico entrerriano.

Por Ferny Kosiak

La casa donde nace Juan Laurentino Ortiz el jueves 11 de junio de 1896 sigue en pie, a dos cuadras del río Gualeguay que también sigue fluyendo, cortando la quietud de Puerto Ruiz. Hace más de un siglo atrás fue uno de los puertos más importantes de la provincia, ubicado a unos kilómetros de la ciudad de Gualeguay. Hoy la calle está asfaltada y lleva el nombre del poeta.

La familia Ortiz-Magallan pronto emigra a Villaguay, ciudad en la que Juanele guarda sus recuerdos de la infancia: pastorear vacas; bañarse de madrugada en el arroyo donde las lavanderas trabajan desde temprano; leer la Biblia a la siesta; despertar al bibliotecario municipal de noche para pedirle más libros; hablar con viejos que habían sido esclavos de Urquiza. Cuando uno piensa en este último dato parece que se achican los dos siglos que nos separan, que Juanele acerca(como lo hizo en su poesía) esa Historia de Entre Ríos, la pone a mano. Él cuenta en una entrevista: las negras me contaban de Urquiza, todavía vivía una mujer de unos noventa y pico de años, viuda del guardaespaldas de Urquiza. Me contaba cosas que me erizaban: las barbaridades de este hombre.

En su poema “Villaguay” Juanele vuelve a esa infancia:

Ya el destino, otra fuente, otra fuente imantada, en el espacio del anhelo, con la línea del día cierto,/ y la misma fe que “hacen” ya y miden y exploran por allá, bien viviente, y encarnada,/ anudan una nueva, vastísima niñez, alegremente tendida hacia una transparente amistad inédita,/ o una muy ancha, anchísima amistad vuelta esta vez hacia una niñez aún no nacida...

Pocos años después los Ortiz-Magallan regresan a Gualeguay. Juanele estudia dibujo con Cesáreo Bernaldo de Quirós, quien lo recomienda para una beca europea. A sus 17 años hace un viaje a Buenos Aires y se da su primera aparición en los medios: Salvadora Medina Onrubia de Botana, gualeya, esposa de Natalio Botana y coeditora del diario Crítica, publica un perfil sobre su compueblano. El título reúne los dos costados artísticos del adolescente Ortiz:“Un pintor y poeta que quiere hacerse célebre”.El texto termina sentenciando y vaticinando: son versos malos, a veces tienen ripios, chocan, pero eso no importa. Llegará. Vencerá.

Ortiz vive unos meses en la casa de unas tías en la capital del país. Viaja a Marsella en un barco que transporta vacas y ni siquiera se baja en el puerto. Camina por las noches de la ciudad, alguna vez en compañía de Jorge Luis Borges. Conoce a un Rubén Darío ebrio una mañana en la redacción del diario La Nación y a otros autores en tertulias literarias que no le terminan de convencer.

Finalmente vuelve a Gualeguay. Su madre le consigue un empleo en el Registro Civil. Entra a trabajar a los 19 años bajo la única condición de poder viajar cada tanto a Buenos Aires para comprar libros. En esta ciudad comienza a crecer su condición de escritor. En 1933 aparece El agua y la noche, fruto de una forma de trabajo que perdurará décadas: la autopublicación. Emma Barrandéguy, amiga y camarada del grupo Claridad, de intelectuales comunistas de Gualeguay, contó cómo ella fue una de las que lo ayudó a vender los vales que armaba Juanele antes de enviar el libro a la imprenta. De este primer poemario aparecen palabras elogiosas escritas por Carlos Mastronardi y César Tiempo en diarios porteños.

Con el paso de los años irán apareciendo más poemarios siempre con el trabajo obsesivo de Ortiz puesto en cada palabra. No solo desde la escritura sino con la atención puesta en la corrección, la maquetación, la impresión, distribución y venta. Juanele publicará: El agua y la noche (1933), El alba sube (1937), El ángel inclinado (1938), La rama hacia el este (1940), El álamo y el viento (1947), El aire conmovido (1949), La mano infinita (1951), La brisa profunda (1954), El alma y las colinas (1956) y De las raíces y del cielo (1958).

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1170, del día 21 de mayo de 2026)

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