Un viaje desde el potrero liguista hasta la mística de la Primera A
A los 48 años, alejado de la rutina asfixiante que le impusieron el fútbol superprofesional y la función pública, el arquero más longevo en debutar en la Primera División de AFA habló después de un largo tiempo. Un repaso por los errores de juventud que moldearon su madurez, la reconstrucción de la tarde en la que paralizó a Núñez atajándole un penal a Alejandro Damián “Chori” Domínguez, y el presente de un tipo que cambió los guantes por la paleta de pádel.
Por Álvaro Moreyra
Durante muchos años la rutina de Sebastián Bértoli estuvo atada a un despertador implacable: las pretemporadas, los viajes interminables en colectivo en todas las divisionales del fútbol argentino, las sesiones en el Consejo Deliberante o la gestión diaria al frente del Instituto Becario hasta fines de 2023.
Hoy, el panorama es radicalmente distinto para el ex arquero de Patronato, entre otros tantos equipos, es que el último gran capitán del Rojinegro transita una etapa inédita, distinta, pero también la disfruta como cuando se calzaba los guantes antes de cada partido.
Bértoli es uno de esos deportistas que desafiaron las leyes de la física y el documento para colgar los guantes: fue recién a los 41 años, consagrado como el futbolista más longevo en debutar en la Primera División de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), con 38 “pirulos” y monedas en aquel bautismo contra San Lorenzo en la temporada 2016.
Y para el hincha de Patronato, “El Seba” no es solo un exjugador: fue el custodio de los tres palos que se bancó desde los partidos en la Liga Paranaense de Futbol, el que firmó su primer contrato profesional recién a los 32 años y el golero que, a pura templanza y con toda la intuición, le ahogó el grito a Alejandro Damián “Chori” Domínguez en una tarde de Primera Nacional que todavía resuena y que se lo recuerdan prácticamente todos los días de su existencia.
En una extensa entrevista, el gran capitán repasó su presente alejado de la rosca política y la rutina de los futbolistas de elite, pero cada vez que puede mira el espejo retrovisor para recordar los desvelos en Universitario, el día que se encandiló con el Newell’s de Bielsa y el error de juventud en la pensión rosarina que lo obligó a recalcular para terminar transformándose en leyenda.
“Hoy vivo una vida que realmente no conocía, con disponibilidad horaria y manejando mis propios tiempos”, confesó el ex futbolista, quien hoy vuelca su energía en el ámbito privado, coordinando su complejo deportivo de fútbol y pádel. “Al principio me costó adaptarme a la no rutina, porque toda mi vida estuve atado a horarios rígidos. Pero hoy miro para atrás, estoy agradecido por lo vivido y disfruto de poder competir los fines de semana al pádel, entrenar cuando quiero y dormir un poco más de lo que lo hacía en mi época de futbolista. No extraño nada el fútbol porque a la transición la hice de manera progresiva”.
Esa paz actual no fue un regalo para “El Ruso”; fue el resultado de una larga maduración muchas veces a los golpes, de un camino que empezó mucho antes de que las luces del fútbol grande iluminaran su figura de prócer local.
Es que para entender al Bértoli que se plantó ante Boca en la mismísima Bombonera o ante River en el Monumental o en cancha de Colón en la B Nacional, hay que hacer un viaje imaginario a sus comienzos en Universitario, en la Liga Paranaense. Allí, un cazatalentos de un equipo riojano lo vio atajar en un torneo de esos tantos que todavía se hacen en Paraná y les propuso a sus padres llevarlo a probar a Newell’s Old Boys de Rosario, por aquel entonces tenía apenas 14 años.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1170, del día 21 de mayo de 2026)






