El rubro de comercio y reparación de vehículos fue el más afectado en términos absolutos, destacó el informe del CEPA.
El mercado laboral formal de Entre Ríos atraviesa una contracción sostenida. Entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, la provincia perdió 1.067 empleadores registrados y más de 9.000 puestos de trabajo formales, según un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Detrás de esas cifras aparece una tendencia clara: el deterioro golpeó sobre todo a las pequeñas y medianas empresas, mientras que las grandes firmas resistieron mejor el impacto.
La caída de empleadores equivale a una reducción del 6,1% del entramado empresarial formal entrerriano. En términos concretos, significa que más de mil empresas, comercios y emprendimientos dejaron de tener trabajadores registrados en apenas 27 meses, estableció el análisis que realizaron desde el CEPA que conducen Julia Strada y Hernán Lechter.
El sector comercial encabezó las pérdidas. El rubro de comercio y reparación de vehículos fue el más afectado en términos absolutos, con 314 empleadores menos. Detrás aparecieron la industria manufacturera y el transporte y almacenamiento, actividades estrechamente vinculadas al nivel de consumo y a la dinámica económica general.
La retracción no se limitó a los grandes números. Sectores como la construcción, los servicios profesionales y la gastronomía también mostraron retrocesos importantes, reflejando un enfriamiento transversal de la actividad privada.
La construcción y la cultura, entre los sectores más golpeados
Si se mira la caída en términos proporcionales, el panorama se vuelve todavía más severo para algunas actividades. Los servicios artísticos, culturales y deportivos perdieron más de uno de cada cinco empleadores desde fines de 2023. La construcción registró una contracción cercana al 15%, mientras que los servicios profesionales y técnicos cayeron casi 12%.
En otras palabras, no sólo cerraron empresas: en algunos rubros desapareció una parte significativa del tejido productivo formal.
El impacto también se reflejó en el empleo registrado. La provincia pasó de 281.045 trabajadores formales a 271.851, una pérdida de 9.194 puestos.
La construcción volvió a aparecer entre los sectores más afectados. El empleo formal en esa actividad cayó 38,4%, una señal del freno de la obra pública y privada. Transporte y almacenamiento perdió más de una cuarta parte de sus trabajadores registrados.
El informe también ubica a la administración pública entre las áreas con mayor destrucción de empleo. Según el relevamiento, el sector perdió más de 45 mil puestos en el período analizado, un dato que sobresale por su magnitud y por el peso que el empleo estatal tiene en la estructura económica provincial.
El contraste que deja el informe: las pequeñas empresas absorbieron el mayor golpe
Uno de los datos más reveladores del estudio de CEPA aparece al analizar qué tipo de empresas perdieron empleo.
Las firmas con hasta 500 trabajadores concentraron prácticamente toda la caída de empleadores: desaparecieron 1.068 establecimientos de ese segmento. En cambio, entre las empresas de más de 500 empleados la cantidad prácticamente no se modificó.
La diferencia también se observa en los puestos de trabajo. Casi siete de cada diez empleos perdidos correspondieron a empresas medianas y pequeñas. Mientras las grandes compañías redujeron su plantilla un 2,2%, las empresas de menor tamaño recortaron personal al doble de velocidad.
El dato expone una asimetría cada vez más visible en el mercado laboral: las estructuras empresariales chicas tienen menos margen para absorber aumentos de costos, caída del consumo o retracción de la actividad. Cuando la economía se desacelera, suelen ser las primeras en ajustar o cerrar.
Un mercado laboral más frágil
El informe de CEPA describe un deterioro simultáneo en dos frentes: menos empresas y menos empleo formal. Y aunque los números afectan a distintos sectores, el patrón se repite: las actividades más ligadas al consumo interno, la construcción y los servicios fueron las que más sintieron el impacto.
La pregunta hacia adelante es qué capacidad tendrá la economía entrerriana para recomponer ese entramado. Porque detrás de cada empleador que desaparece no sólo hay puestos de trabajo perdidos: también se debilita una red de comercios, proveedores y servicios que sostiene buena parte de la actividad cotidiana en la provincia.
El informe del CEPA






