Fue de pronto, de la nada, que apareció la plata para las beneméritas fuerzas del orden de nuestra Entre Ríos que están apenas enfrente de las revoltosas de Santa Fe. Quedó claro que fue una reacción netamente política, para evitar el efecto cascada que se preveía en varias provincias.
Sufrimos una provincia que gestiona a demanda.
Hasta hace unas horas, los sueldos de la Policía no estaban en la agenda del gobierno provincial. Pero claro, la sudestada policial de Rosario lo puso a manos de quemarse.
No hay plata para nada, casi que es lo que dijo el gobernador Rogelio Frigerio días atrás cuando advirtió que la recaudación no viene siendo lo que esperaba.
Ya, entonces, lo que hacía en buen romance era detonar ad referéndum reclamos salariales amplificados. Y como consecuencias en las paritarias que vienen los negociadores van a tener que aceptar lo que caiga del goteo del gobierno y seguir en vigilia.
El ministro de Seguridad, Néstor Roncaglia salió del paso usando el manual: “el gobernador reafirma su compromiso con el fortalecimiento institucional y el acompañamiento al personal policial y del servicio penitenciario”.
Se quedó cortísimo de argumentos y distorsionó el verdadero propósito del “aparecido aumento salarial·”: neutralizar la posibilidad de que el mismo conflicto de Rosario detone acá en la provincia.
Sobre todo, cuando anda dando vueltas por las redes sociales una futura “marcha” de familiares de policías entrerrianos para el próximo 14 de marzo que vaya a saber si ahora se concretará, después de los incrementos anunciados.
Tan lejos como anuncio, la escurridiza convocatoria de las redes, supone más que una convocatoria real. Es en realidad un “les avisamos con bastante tiempo de antelación” que es hora de hablar en serio respecto a la política salarial.
Algo similar hizo AGMER días atrás y “avisó” al gobierno de modo romántico que se viene el inicio de clases y todavía no convocaron a paritarias.
Parece poco para defender dignamente a la masa de docentes que representan.
Estamos a pocos días de que empiece el ciclo lectivo y los rumores son más incendiarios que la palabra oficial.
Está muy claro que si el gobierno provincial no está llamando a paritarias es porque no tiene recursos con que responder. Sino ¿por qué asumir el alto costo social que implica distraer el problema hasta que “se pueda”?
Y “que se pueda” significa literalmente sumar alguna moneda extra vía nación o apelar a nuevos recortes. En síntesis, ordeñar de donde sea y allí si, sentarse a dialogar con mejores expectativas.
La Policía, históricamente, siempre fue colgada a lo que cierren la mayoría de los trabajadores estatales nucleados en UPCN y ATE. Y todos éstos, a su vez, prendidos al saco de lo que acuerden los docentes.
Hoy, el oportunismo abrazado por la cautela motivó al gobierno provincial a dar vuelta la perinola y empezar por el lado del “toma poco” para parar el avance del fuego.
Los policías sumarán en algunos días entre 200 y 350 mil pesos en sus haberes de acuerdo a las funciones y roles de cada uno y también, alcanzará en menor medida a los retirados que en definitiva pueden llegar a ser el zócalo más visible de la contienda. Responsabilidades diferentes, claro.
La Policía como el resto de los trabajadores estatales no tienen aumentos salariales desde hace 8 meses y la crudeza de la crisis azota sin miramientos. Este aumento delivery de emergencia fue aceptado, pero como sucede regularmente, no terminó de conformar.
Sucede que no hay que beberse todo el mar para darse cuenta de que el agua es salada.




