La crueldad, la culpa y el fascismo. Alarmas y pasividad
No se puede gobernar sin culpa, porque muchas veces las decisiones -aunque bien intencionadas- dejan sectores fuera de los beneficios. Analizados los resultados, aparecerán nuevas determinaciones para equilibrar (si es que prima la búsqueda del bien común). Es -se entiende- el círculo virtuoso que debería intentar el gobernante circunstancial. Lo






