La tristeza de los niños ricos
J. P. La calle está llena de fragmentos y de objetos quebrados y de papeles enteros y cortados. Es domingo. Es lunes, mejor dicho, las 2 AM, y caminamos por la ciudad como si fuéramos momias, el cerebro saturado, el cuerpo laxo, las piernas temblorosas, las manos con olor a nicotina, y a sudor y a polvo y a muzzarella barata. Todavía se pueden






