La teatrocracia
La Reina, en el apogeo de su estrellato, en la cúspide de su poder, está sin embargo desnuda. Un tácito pacto de seguidismo envuelve a sus simpatizantes, adherentes y no constructores, e impide que una elemental racionalidad se imponga sobre los aspectos emocionales que, claro que sí, pueden intervenir en la práctica política mas no tanto como





